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14 Final alternativo de Los sueños secretos de Sophie

martes, 8 de noviembre de 2011
¡Hola! Sí, como dice el título, este es el final alternativo de Sophie. Pero antes de leer el capi por favor leen mis pequeñas palabras:

Debido a todo lo acontecido este año (nacimiento de mi bebé, enfermedad de mi mamá y mi boda que será el 10 de diciembre), Será imposible que publique Mi vida: Un show este año. Asi´que continuaré la publicación en:

Enero de 2012

Así no los hago esperar semana tras semana.

Como una especie de compensación publico el final alternativo de Los sueños secretos de Sophie.

La historia de este final.

La primera vez que publiqué Sophie en el año 2009, escribí un epílogo que estuvo en la web por unas cuantas horas y poca gente lo leyó. Luego me negué a publicarlo de nuevo o enviarlo a quien me lo pedía, esto por un simple motivo: detesto este final.

Es un final excesivamente cursi y soso (y miren que yo escribí cosas cursis), después de escribirlo y publicarlo lo leí de nuevo y esa segunda vez no me gustó para nada. Me acosté esa noche pensando en el final y no pude soportarlo. Encendí la PC y lo borré de inmediato y una semana después escribí un final diferente, que además dejaba paso a que pudiera hacer una secuela.

Ese final lo guardé para que nadie lo leyera, ahora unos años mas tarde, sigo detestando este final, pero tiene muchos elementos que aparecerán en Mi vida: Un show.

Así que se los dejo solo como una curiosidad para quienes disfrutaron de Los sueños secretos de Sophie.

Nos vemos la próxima vez que actualice mi blog :D


Epílogo alternativo de Los Sueños secretos de Sophie

Lo he retirado para no dejar spoilers XP

1 El secuestro de Sophie

martes, 3 de mayo de 2011

La bebé comenzó a llorar en cuanto sus padres cayeron dormidos. Thaly se levantó perezosamente, cubriéndose con una sábana fue a buscar un biberón. Sophie era intolerante a la lactosa y Thaly se sentía mal por no poder darle pecho, cada vez que preparaba la botella, la culpa la carcomía; sentía que ella era la responsable de aquello; aunque Nicolás la había regañado mil veces por inculparse sin motivo, ella no podía evitarlo. Intentaba poner todo su esfuerzo para ser una buena madre y dar a Sophie todo lo que a ella le había faltado.

Nicolás miró el reloj y se levantó rápidamente. Tenía la reunión mensual de padres en menos de una hora.

—Ya casi no hay leche —avisó Thaly agitando el biberón mientras él se vestía.

—Iremos de compras cuando vuelva.

—Volverás muy tarde y tampoco quedan pañales —dejó a la bebé tomando de su mamadera y se aproximó a él extendiéndole la mano.

Nicolás cerró los ojos resignado y le entregó las llaves del auto.

—El auto está en la verdeada. Ve muy lento —le advirtió tomando su mano.

—Estaré con Sophie, por supuesto que iré lento.

Nicolás les dio un último beso a ambas y salió con fastidio. Detestaba ir a las reuniones y más dejar que Thaly fuese de compras sola. Ella se tomó su tiempo para alistarse y levantó a Sophie antes de salir.

Acomodó a la bebé con cuidado en su asiento del auto. La calle parecía más silenciosa y vacía que nunca, lo que le provocó un ligero escalofrío. Algo nerviosa cerró la puerta para dirigirse a la del conductor. Ni bien acercó la llave a la cerradura sintió que alguien la agarraba de improvisto desde atrás.

—Tranquila —le dijo la voz de un hombre en su oído mientras sentía una filosa punta en su espalda.

Un auto blanco se detuvo cerca y dos hombres bajaron de él. Thaly comenzó a aterrase.

—Está bien, tengan —dijo apenas, extendiendo las llaves del auto–. Sólo déjenme e sacar a mi bebé —habló lo más calmada que podía. No quería que se acercaran a Sophie.

—No queremos el auto —dijo el hombre a sus espaldas agarrándola fuerte mientras el más fornido de todos abría la puerta y levantaba a la bebé.

El corazón de Thaly se detuvo e intentó gritar, pero le taparon la boca con fuerza, clavando levemente la navaja en su espalda. No le importaba el dolor que sentía, la desesperación invadía sus sentidos; intentó con todas sus fuerzas soltarse cuando vio que metían a su hija al otro auto y empezaba a llorar al sentirse en brazos desconocidos.

***

Thaly no paraba de llorar y culparse dos horas después de lo ocurrido. La desesperación que Nicolás sentía empeoraba con ver a su esposa en ese estado, cada vez se ponía más exasperado.

—En verdad lo siento —volvió a decir Thaly entre sollozos.

— ¡Ya deja de culparte! —Le gritó Nicolás irritado–. Lamentándote sólo empeoras las cosas — se levantó molesto pateando el sillón mientras el detective de la policía terminaba de tomar los datos con el doctor Cohen, quien era el único sereno ante la situación.

— ¿No recuerdas nada más? —preguntó el policía a Thaly. Ella ya había contado todos los detalles que recordaba. Negó con la cabeza intentando buscar en la memoria alguna pista, o cualquier cosa que pudiera ayudar—. ¿No reconociste a ninguno? Tal vez los viste antes, lo más seguro es que los hayan estado vigilando desde hace tiempo esperando que tú salieras sola.

—Bueno, no lo pensé antes, pero… el que me agarró por detrás, algo en él se me hizo familiar. Creo haber escuchado su voz antes, no recuerdo dónde.

—Intenta hacer memoria. Puede que se la hayan llevado y pidan un rescate luego, o simplemente sea alguien que quiera hacerles daño.

—Por supuesto que es eso —interrumpió Nicolás—. No sé por qué estamos perdiendo el tiempo cuando sabemos bien quien lo hizo.

—No estamos seguros de que haya sido él —Thaly puso el rostro entre sus manos intentando pensar y tranquilizarse.

— ¡Por supuesto que fue él! ¡Tu padre está loco y lo único que quiere es hacernos la vida miserable!

—Es posible, pero no creo que se arriesgue con algo así —le dijo su padre, manteniéndose calmado e intentando que ellos lo hicieran también.

—Él está lejos y no tiene interés en Sophie —habló Thaly en voz baja mientras Sara se aproximaba a abrazarla.

— ¿Por qué piensas eso?

Thaly levantó el rostro con culpabilidad, mirando a todos los que se encontraban en la sala, comenzó morderse el labio y Nicolás se dio cuenta de que sabía algo.

—Él… me llamó hace unas semanas —confesó ante las miradas incrédulas de todos. Nicolás se puso furioso y la zarandeó por los hombros.

— ¡Cómo no lo dijiste antes! Seguro quería sacarte información. Cómo pudiste ser tan torpe.

—Basta —lo detuvo Sara–. Con ustedes dos peleando no arreglan nada–. Thaly ¿qué es lo que tu padre quería?

—Me preguntó si el bebé ya había nacido y si era varón… yo no quería nada con él, le dije que fue mujer y él me respondió que ni siquiera servía para eso, también parecía molesto porque me cambié el apellido. Su llamada me pareció extraña, pero no le di importancia, no quería pensar en él. Por eso no te dije nada, sabía que ibas a enojarte —miró con súplica a su esposo, pensando que probablemente tenía razón, le había dado datos y quién sabe dónde se llevaría a Sophie.

—Entonces tenemos un sospechoso del que nadie sabe su paradero. Eso no es de mucha ayuda —explicó el policía—. Tendremos que esperar a que llamen.

Nicolás se sentó junto a Thaly y la estrechó entre sus brazos, pidiéndole perdón. Los nervios lo controlaban y no quería que ella se sintiera mal. El celular de Thaly sonó y todos la observaron atentos. Contestó y por un momento su expresión cambio.

—Sí, espera —alejó el aparato de sus manos y se dirigió a Nicolás —.Es Daniel, quería saber si sabíamos algo.

—Corta rápido, pueden llamar.

Thaly asintió algo nerviosa y se alejó un poco para hablar. Había reconocido la voz en cuanto contestó y siguió las instrucciones de no llamar la atención.

—Te veo dentro quince minutos en la plaza que está cerca al edificio. Quiero hablar contigo a solas, no le digas nada a nadie y tu hija estará bien —le dijeron antes de cortar.

Thaly respondía con monosílabos, para que los demás no se diesen cuenta. Estaba indecisa sobre decir qué pasaba. Lo más seguro era que tuvieran a Sophie lejos y si no hacía lo que le pedían, podrían lastimarla. Decidió no arriesgarse y permaneció en silencio siendo consolada por su hermano, mientras el resto esperaba impaciente. Miró su reloj, ya había pasado el tiempo estipulado.

—Ya no aguanto más, voy a tomar aire —se levantó de golpe, Nicolás intentó detenerla–. Iré a la puerta, quiero estar sola.

Nicolás la miró con sospecha y la observó por la ventana. Thaly se dio cuenta y disimuladamente llamó a la casa. En cuanto Nicolás se alejó de la ventana para contestar, ella apagó su teléfono y corrió calle arriba. Estaba segura de que no la habían visto. Llegó con la respiración agitada y recorrió la plaza con la mirada. El sol ya comenzaba a ocultarse, sentía algo de miedo, pero saber sobre Sophie era más importante.

— ¡Dónde está! —le reclamó a su madre en cuanto se aproximó.

—Ella está bien.

— ¿Por qué lo hiciste? ¡Qué es lo que quieres! —estaba enojada y perturbada, no podía creer que después de todo el daño que la había ocasionado a ella y Alejandro le hiciera algo como eso.

— ¿Por qué? Para que sientas lo mismo que yo sentí cuando me arrebataron a mi hijo —dijo con indignación.

—No puedo creerlo, eres peor que mi padre. ¿No te bastó con abandonarme? ¿O hacer sufrir a mi hermano? Eres una cínica, tratabas a Alejandro peor que basura y ahora dices que te sientes mal por él.

—Yo nunca lo traté mal y tú estabas mejor con tu padre que conmigo. Somos pobres, tenemos que hacer lo que sea por sobrevivir.

—Con el dinero que Vanessa te dio a través de los años podrían haber vivido muy bien, sólo que gastas todo en los vicios de tu marido.

—Soy tu madre después de todo, no me hables así. Hago lo que puedo, ¿cómo crees que me sentí cuando se llevaron a mi hijo de mi lado y luego enterarme de que habías sido tú?

—Mi madre murió el año pasado, tú no eres nada mío, ni de Alejandro. ¿No puedes dejarnos tranquilos? Ahora puedes ocuparte de ti, o hacer lo que se te venga en gana, no me interesa. Sólo dime qué quieres, si es dinero te lo daré, pero devuélveme a mi bebé.

—No es dinero lo que quiero Natalia, quiero a mi hijo de vuelta. Tráelo y te devuelvo a tu hija, es un intercambio justo.

— ¡No son objetos para ser intercambiables! —Gritó irritada, ya no aguantaba más esa conversación que no llegaba a ningún lado–. No te devolveré a Alejandro, y aunque lo hiciera, la policía te buscará por secuestro, no puedes irte con él como si nada, estarás prófuga como mi padre. Sólo piénsalo —bajó su tono de voz y la miró suplicante–. Por favor devuélvemela y te juro que no diré nada. No diré que tú te la llevaste. Ya casi es de noche y ella es muy pequeña, debe tener hambre y no pude tomar cualquier leche. Por favor —volvió a suplicarle bajando el rostro y sintiendo cálidas gotas caer por su rostro.

Su madre la observó con algo de arrepentimiento. Su hija era incluso más joven que ella cuando la había tenido, sin embargo, su comportamiento era distinto. Ella había visto a Thaly como una carga que le vino en el momento más inoportuno, siendo muy joven para criarla; Thaly parecía estar dispuesta a dar la vida por su hija.

Ya estaba por decirle algo cuando la llamaron.

La muchacha se aterró la ver el otro de espanto que su madre había puesto de repente.

—No, ya no le des leche —le dijo a quien hablaba por teléfono–, abrígala bien, yo iré en un rato —añadió algo nerviosa.

— ¿Qué le pasó? —la interrogó agarrándola de los brazos con fuerza.

—Ella… parece que está enferma —explicó preocupada—. No sabíamos lo de la leche, parece que la que le dimos le hizo mal.

—Llévame con ella, por favor —le rogó, si era necesario podría hasta haberse puesto de rodillas. El no tener a su hija ya era un martirio, el saber que se encontraba enferma era una tortura que la lastimaba más que cualquier dolor físico.

Su madre la miró afligida. Quería a su hijo de vuelta, mas no pretendía dañar a su nieta.

—Voy a llevarte con ella, pero no sé qué es lo que Cristian haga contigo.

—Eso no me importa, sólo quiero verla.

La mujer asintió y la dirigió hacia la calle frente a la plaza. Un auto la esperaba ahí. Thaly reconoció a uno de los hombres que se había llevado a su hija. Lo miró con reproche y subió. La llevaron a un lugar no muy lejano, Thaly contempló disimuladamente por la ventana, memorizando cada vuelta y cada señal que le ayudase a recordar luego la dirección. Llegaron a una barrio pobre y pararon frente a una humilde y pequeña casita, la cual seguramente había estado deshabitada hasta hacía poco. Thaly entró empujada por el hombre. Cristian estaba ahí, no lo veía desde que era muy pequeña y todo lo que sabía del él era por Alejandro; se dio cuenta de que él era quien la había agarrado mientras secuestraban a su bebé, por eso la voz se le había hecho familiar. Otros dos hombres lo acompañaban, uno grande y fornido que fue quien sacó a Sophie del auto y otro que no tenía buena cara.

El llanto de la bebé retumbaba en toda la casa. Thaly corrió instintivamente hacia un cuarto en el fondo. Sobre una vieja y sucia cama se encontraba su bebé, llorando totalmente desatendida. Aquella habitación era muy fría y la humedad se percibía en el denso ambiente. Se sacó la chaqueta y envolvió a su bebé antes de levantarla. Estaba un poco más tranquila al tenerla entre sus brazos nuevamente y preocupada al mismo tiempo. No paraba de llorar a todo pulmón y sin duda estaba mal.

— ¡Por qué la trajiste! ¡Cómo puedes ser tan estúpida! Estás complicando las cosas —gritó Cristian a su esposa, pateando una silla a un lado mientras sus acompañantes ponían un rostro de furia.

— La niña está enferma —susurró amedrentada.

— ¿Y que ella venga de qué sirve? Sólo debías traer a Alejandro; era suficiente con que el bebé sobreviva la noche antes de que se la entregue a Dony, ¿qué se supone que haré con esa chica? — se aproximó muy cerca a ella, casi a punto de golpearla. Thaly escuchaba todo desde la otra habitación, arropando a Sophie, era lo único que podía hacer.

— No creo que esto sea una buena idea. Dejemos que se la lleve, me prometió que no diría nada.

—No seas tonta, por supuesto que hablará, y no podemos dejar que se la lleve. Ya vendí a la niña, debo entregarla mañana —soltó un gruñido y sacó su teléfono.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Hablaré con Dony, me había ofrecido dinero por Natalia antes, cuando debiste traerla. Capaz lo convenza de llevársela ahora.

—No puedes hacer eso —reaccionó la mujer con espanto–. Eso ya es trata de blancas, nos meterán en más problemas.

—Tú ya nos metiste en problemas, no puedes hacer nada bien. Ve y calla a ese bebé mientras yo intento arreglar esto —le ordenó saliendo de la casa para hablar.

Thaly abrazó a su bebé con fuerza, intentando tranquilizarla. Observó bien la habitación, buscando algún lugar por donde escapar o esconderse de la mirada intimidante del hombre que la vigilaba. No le habían quitado su teléfono, necesitaba llamar. No tenía mucho tiempo. Alejandro ya le había contada acerca de ese Dony del que Cristian hablaba. Era muy peligroso y si ella o Sophie caían en sus manos no volverían a ver a su familia nunca.

Su madre entro a la habitación y se sentó en la cama en completo silencio. Los minutos pasaban y Cristian no volvía, tampoco dejaban de vigilarla.

—Parece que al fin se durmió —dijo la madre de Thaly mirando al pequeño bulto que tenía entre sus manos.

—Se cansó de llorar y le está subiendo la temperatura. Necesita un medico —habló impasible, meciendo su cuerpo lentamente.

—Esperemos a que Cristian vuelva, intentaré convencerlo… —dijo casi en un susurro, evitando mirarla a los ojos —. Es muy bonita por cierto, ¿se llama Sophie verdad?

—Sí —bufó Thaly ante el comentario de su madre, de pronto parecía que conversaban en una reunión de té —.Así se llamaba la madre de Nicolás, él la quería mucho y fue una muy buena madre —explicó echándoselo en cara.

— ¿Por qué me tienes tanto resentimiento?, hice lo que fue mejor para ti.

— ¿Lo mejor? —la miró indignada—. ¿Tienes idea de cuánto sufrí? Aunque creo que contigo tampoco hubiera estado mejor…

—No es así. Yo sólo tenía diecinueve años cuando te tuve, no tenía dinero para mantenerte y eras demasiado traviesa, no podía ni trabajar contigo.

—Yo tengo diecisiete, mi padre me echó a la calle cuando se enteró de mi embarazo, y no por eso abandoné a mi hija como si fuera un estorbo o un objeto inservible.

—Al menos el padre de tu hija se casó contigo, yo no tuve tanta suerte.

—Suerte —espetó con una sonrisa irónica—. Te metiste con un hombre casado ¿qué esperabas? —le reprochó y ella bajó la mirada.

—Las cosas no fueron como crees…

—No me importa cómo fueron— la interrumpió–. Mi vida comenzó hace seis meses, lo que haya pasado antes me tiene sin cuidado —sentenció con desprecio. Era la primera vez en años que hablaba con su madre y por fin podía decirle las cosas que pensaba y liberar el dolor que había acumulado con el tiempo. Aunque más que reprocharle, en ese momento le interesaba su hija. Aquel lugar era demasiado frío y eso empeoraba a Sophie.

— ¿Si te dejo ir, me juras que no dirás nada? —le susurró cuando el hombre que las vigilaba comenzaba a adormilarse.

—Diré que me llamaron y dejaron a Sophie en un banco de la plaza. Sólo quiero que esté bien, lo que pase contigo no importa.

— Hay una puerta trasera en la cocina, diré que vamos por agua, lo distraeré y escapas.

Thaly asintió, se levantaron y Cristian entró en ese momento.

—Ya arreglé todo, vamos —les avisó a sus compañeros y se dirigió a jalar a Thaly del brazo.

Ya estaban cerca de la puerta cuando escucharon sirenas afuera. Thaly sintió un inmenso alivio mientras los otros tragaban saliva, nerviosos, escuchando como la policía les ordenaba que salieran.

— ¿Llamaste a la policía? —le preguntó a Thaly.

—No —respondió atónita, no sabía cómo habían dado con su localización y poco le importaba.

El más grande de todos atisbó por la ventana, viendo el lugar completamente rodeado. Thaly aprovechó la confusión de sus captores y corrió a la cocina, mientras su madre detenía a uno de los hombres que había intentado atajarla. Salió al exterior e inmediatamente un grupo de policías le apuntaron. Uno de ellos dio la orden de bajar las armas y corrió a recibirla. La dirigió a una ambulancia mientras el resto seguía apuntando a la casa, esperando a que salieran.

Nicolás apareció para abrazarla y observar a Sophie mientras era atendida.

— ¿Estás bien?— le preguntó acariciándole el rostro.

—Sí, pero Sophie está mal —respondió viendo como el paramédico la revisaba.

—No te preocupes estará bien —la tranquilizó cubriendo a la bebé con una manta.

Ambos respiraron aliviados e inmediatamente Nicolás comenzó a regañarla.

— ¿Cómo pudiste ir sola? Podrían haberte hecho daño a ti también.

—Pero no pasó y ahora tenemos a Sophie de vuelta.

El escándalo de sirenas parecía haber cesado y observaron cómo metían a la mujer y los cuatro hombres a patrullas de policía. Thaly no pudo evitar sentir algo de lástima por su madre cuando ella le dirigió una suplicante mirada.

— ¿Quién es? —preguntó Nicolás percatándose de que Thaly la conocía.

—Mi madre —murmuró antes de voltear nuevamente hacia su hija, dándole a entender que no quería dar explicaciones.

Todo parecía una pesadilla que llegaba a su final mientras permanecían en el hospital. Sophie pasaría ahí la noche en compañía de sus padres y luego podrían volver a su vida normal.

— ¿Cómo me encontraste? —preguntó Thaly una vez que la salud de su hija ya no era su mayor preocupación.

Nicolás se rascó la nuca con culpabilidad mientras Sara reprimía una risita.

—Por tu celular —explicó algo nervioso—. Tiene un GPS.

— ¿Me pusiste un rastreador como a un perro? —preguntó exaltada.

—Es que eres tendiente a perderte —levantó los hombros—. Sólo era por precaución y menos mal que lo hice.

—Por esta vez tienes razón —masculló cruzando los brazos—. Deberíamos ponerle uno a Sophie.

—Sí, ya consideré hacerlo. Aunque nunca más dejare que algo así vuelva a ocurrir. Estaré contigo y con ella todo el tiempo.

Thaly puso una mueca de exasperación, sabía que él era capaz de cumplirlo y no dejarla ni respirar en paz.

Después del horrible episodio anterior volvieron a su fingida vida en el colegio. Donde mantenían su relación maestro-alumna a pesar de haber vivido innumerables acontecimientos como pareja.


**********************

Esta es una escena que retiré del epílogo de El amor rela no es prohibido. Quienes leyeron la primera versión seguro la recuerdan, era muy dramática hace unos años XD en la nueva versión retiré esta parte, pero me pareció interesante recordarla.

En capítulo 7 de Mi vida: Un show, saldrá el jueves, esta vez sin retraso.

También quiero agradecier a Anthony Tesla por la entrevista que me realizó hace un tiempo, pero no tuve oportunidad de mencionarla, pueden leerla en su blog: http://anthonycorner.blogspot.com/2011/03/pivoteando-con-hitto.html

Gracias TONY!

13 ¿Qué tengo que hacer?

jueves, 16 de diciembre de 2010


Rei acomodó las pequeñas piedras nacaradas que había recogido en la playa sobre el barandal del puente, una junto a la otra, extraviada en sus pensamientos. Las blanquecinas rocas brillaban bajo la luz de las estrellas y se distrajo un momento con el movimiento del agua. Enormes y plateados peces salían hacia la superficie. Golpeó una roca haciéndola caer al agua, ahuyentando a un pez. No se le apetecía ningún tipo de compañía, por eso había evadido a todos durante la lluvia de meteoros.

Continuó en orden golpeando con el dedo las piedras, una por una, cada vez más fuete, haciéndolas llegar lejos. Se detuvo antes de la última, acomodó su largo y negro cabello a un lado y observó su reflejo en el agua. En unos días cumpliría doce años, ya daba sus primeros pasos a la adolescencia y tal vez ese era el motivo por el cual últimamente Enyi, el discípulo de su padre, ocupaba más sus pensamientos. Él siempre le había gustado y esa noche intentaba meditar el por qué. Era atractivo, no había duda, mas lo que sentía por él no era una simple atracción superficial. Estaba enamorada de él, lo cual era una estupidez, pues generalmente prefería no encontrárselo ni de casualidad.

Enyi era un egocéntrico y cínico guerrero que la atormentaba todo el tiempo, parecía que él y sus compañeros de equipo no tenían nada mejor que hacer con su tiempo que molestar a Rei y a sus amigos.

No lo comprendía. La magia y la espada eran cosas que ella entendía a la perfección, podía crear los hechizos más complejos sin dificultad, tenía al habilidad de “hablar con la magia” como decían los mayores, mas no podía entenderse a ella misma.

No quería verlo, y al mismo tiempo imaginaba como sería sentir la calidez de los brazos del joven rodeándola con cariño.

Últimamente pensaba tanto en ello que se sentía ridícula. Perdía su tiempo con esas fantasías absurdas, y no prestaba atención en los entrenamientos. Ethan ya le había advertido que si no se concentraba una vez más, la dejaría sola en medio de la nieve haciendo una prueba de supervivencia; y ella odiaba la nieve desde aquella vez hacía siete años cuando Enyi había tenido el descaro de salvarle la vida cuando cayó en un lago de agua helada. En realidad no había sido un descaro, Enyi había puesto en peligro su propia vida por salvarla; ese era uno de los motivos principales por los que no era capaz de odiarlo. Aquel fue el día en que se conocieron y después del rescate se hicieron amigos. Días más tarde Enyi incluso le había jurado que pasara lo que pasara él siempre la protegería. Esa promesa, así como su amistad, desapareció en el aire el día que el padre de Enyi murió. Desde entonces el muchacho actuaba como si nada le importase y él y Rei pasaban el tiempo buscando la forma de fastidiarse el uno al otro.

Ella no sabía explicar exactamente lo que sucedió, siempre había tendido el presentimiento de que Enyi la culpaba por la muerte de su padre, y en realidad, era algo responsable.

— ¿Qué tengo que hacer para que me quieras? —Preguntó en voz alta, agarrando y lanzando finalmente la última piedra—. Eres un idiota —consideró mirando su reflejo nuevamente—. Soy hermosa, inteligente y muy fuerte, soy mucho mejor que esas humanas inútiles con las que coqueteas en la ciudad —suspiró apoyando los brazos sobre el barandal. ¿Por qué le importaba tanto? Su meta en la vida estaba clara, los muchachos eran una pérdida de tiempo, además, pese a su corta edad había cientos de guerreros capaces de batirse a muerte por ella; mas era tan torpe que se enamoraba del único que jamás movería un dedo por ella.

—Eres un idiota que no vale la pena —dijo en voz alta sentándose lentamente sobre el puente de madera.

— ¿Ahora qué te hice? ¿Encontraste lo que puse en tu cama?

Tembló de golpe al escucharlo. Él siempre hacia eso, se aparecía de pronto para asustarla.

— ¡¿Qué pusiste en mi cama?! —lo increpó levantándose y señalándolo acusadoramente. ¿Qué plan malévolo había maquinado ese día?

—Nada —dijo el joven con sarcasmo, apoyándose en el barandal—, o quién sabe, yo que tú esta noche me meto a la cama con cuidado.

—Voy a decírselo a mi padre —renegó inhalando y exhalando furiosa.

—No está, salió de viaje —sonrió torcidamente.

—Entonces se lo diré a Ethan.

—Sabes que a él no va a importarle en lo más mínimo.

La chica se quedó callada, era verdad, a su maestro no le importaba en absoluto los problemas que tenía con Enyi, es más, a veces hasta parecía disfrutar de los tormentos a los que la exponía.

Dando por perdida su batalla, como siempre, dio media vuelta hacia las viviendas, para revisar minuciosamente su habitación. O Enyi de verdad le había puesto algo repulsivo y aterrador, o no había hecho absolutamente nada y solo quería atormentarla psicológicamente.

— ¿Por qué no estás viendo la lluvia de meteoros? —se apareció a su lado, caminando con las manos en los bolsillos.

—Hay mucha gente, lo veré sola en el Stelaro.

—No es lo mismo que verlo en directo.

— ¿Entonces por qué no estás ahí?

—Tampoco quiero verlo con el resto. Conozco un lugar desde donde la vista es mucho mejor y está solitario —presumió mirando a la chica de reojo.

—Bien por ti —gruñó sin dejar de caminar—, ojalá un meteoro se salga de su órbita y te caiga encima.

—Yo iba a llevarte, pero si quieres quedarte sumida en la amargura imaginando mi muerte… —levantó los hombros, dando media vuelta y esperando el momento en que Rei aparecería a su lado, cruzada de brazos y con pose orgullosa, amenazándolo por si se trataba de una broma. Y como había predicho, segundos después ella corrió a darle alcance.

—Solo… quiero ver donde es, pero si es una de tus bromas te juro que hago desaparecer tus genitales, he estado probando un hechizo —lo amenazó entrecerrando los ojos.

Enyi volcó los ojos y asintió. La conocía tan bien que era sencillo manipularla, al final ella siempre terminaba haciendo lo que él quería.

***

Rei se puso nerviosa y consideró enserio que Enyi le jugaría una broma pesada cuando se adentraron en la selva, camino a tierra sagrada, donde enterraban las cenizas de sus muertos.

—Sube —ordenó Enyi señalando el árbol más alto, tumba de uno de los guerreros más antiguos de Ithia.

—Es el árbol de Efren, no podemos subirlo.

—El sujeto está muerto, no creo que le importe. ¿Quieres ver la lluvia de meteoros o no? Lo mejor empezará pronto.

Poco convencida comenzó a escalar siguiendo a Enyi, quien al llegar a una rama muy gruesa y larga, la jaló a su lado.

Desde ahí el cielo se veía impresionante y las estrellas fugaces que aparecían en el cielo oscuro, desaparecían en el horizonte.

—Te dije, apuesto que ahora quieres besarme —dijo con sorna, Rei lo empujó a un lado y caminó con cuidado hacia la punta de la rama, esperando llegar más cerca del cielo.

Enyi se sentó y con torpeza sentó a la muchacha delante de él y la rodeó con los brazos.

— ¿Qué haces? —preguntó la chica con nerviosismo.

—Si un meteorito me cae encima lo hará sobre ti también, te daré el honor de morir a mi lado.

Más avergonzada que molesta Rei observó la lluvia de oro que rasgaba la oscuridad, evitando sonreír, eso era lo más parecido a sus fantasías que viviría nunca.

— ¡¿Ahora que haces?! —se sobresaltó al sentir el rostro de Enyi muy cerca de su cuello.

—Hueles diferente.

La chica se sonrojó, esa mañana había cambiado de perfume. Su nana le había mencionado alguna vez que los hombres se sentían atraídos por el aroma, y por un momento había pensado que un cambio de fragancia atraería un poco a Enyi. Una de las tantas estupideces que se le ocurrían últimamente.

—Lavé mi cabello con una aceite diferente —mintió, no iba a reconocer la verdad, pero se alegraba de que al menos el idiota ese se hubiese dado cuenta del cambio de fragancia.

—No me gusta —cortó su instantáneo momento de alegría.

—Entonces deja de olerme —dijo enojada, al final Enyi sería un idiota siempre y no tenía más opción que esperar a que ese estúpido enamoramiento se le pasara, para al fin poder odiarlo como había deseado siempre.

— ¿Por qué? —preguntó petulante abrazándola más fuerte—. ¿Te pongo nerviosa?

—Me pones incómoda.

—Pues yo estoy cómodo.

Rei cerró los ojos, Enyi era imposible, discutir con él era inútil, jamás llegaban a nada.

No le importó lo que Enyi le hiciera, o si tenía planeada una magistral broma para después de la lluvia de meteoros; estaba tan a gusto que antes de percatarse cayó dormida.

Enyi se dio cuenta después de un momento, la chica dormía profundamente en sus brazos.

Con cuidado retrocedió hasta el tronco del árbol y la acomodó en su regazo, de forma que podía verle el rostro. Le retiró gentilmente los cabellos y procuró que estuviese cómoda. La lluvia de estrellas ya no le interesaba en absoluto, era más placentero observar el rostro dormido de la muchacha y disfrutar su calidez.

— ¿Que tengo que hacer para que me ames? —le preguntó en un susurro, dejándole un imperceptible beso en la frente, aprovechando que ella no se percataría y al día siguiente ese episodio sería confundido con un sueño.


********

Hola! espero que les haya gustado ^^. Esto es un adelanto de la secuela de "El tesoro de Charleen".

Enyi y Rei son los primero personajes que cree, aún antes que Thaly y Nicolás, y como mencione algunas veces, ellos fueron mi inspiración para crear a Sophie e Ian, como habrán notado tiene una relación similar, pero sus personalidades en realidad son bastante diferentes.

Lamento haberme perdido y no haber publicado todas las cosas que prometí, el tiempo se me hizo corto. Como algunos sabía por mi Formspring, estoy embarazada y ando con medico y malestares y me es dificil sentarme mucho rato, tambien otros asuntos ocupan mi tiempo.

El sábado debía poner el primer capítulo de mi nuevo fic, pero por estos asuntos el tiempo no me está alcanzando y es posible que tenga que postergarlo hasta le 25 de diciembre o el 1º de enero, les avisaré el sábado.

Gracias por leer y no se olviden de comentar!!!

1 Hasta que la muerte nos una

sábado, 2 de octubre de 2010

Acaricio tus cabellos de hebras blancas, tú como siempre no me percibes. Las lágrimas cristalinas que recorren los surcos de tu piel arada por el tiempo caen libremente hacia la almohada, siendo mis dedos incapaces de retenerlas.

Estoy a tu lado, junto al grupo de personas que esperan que el tiempo se detenga y les regale unos últimos instantes contigo. Yo espero impaciente, rogando al contrario, que el tiempo se acelere.

Tu habitación ha cambiado tanto en estos años… recuerdo perfectamente cada color y cada objeto que decoró estas paredes con el paso del tiempo. Tú convertiste este presidio de cemento y ladrillo en un espacio de libertad, donde creíste llorar sola todas esas penas que afligieron tu corazón de princesa. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas la primera vez que cerraste esta puerta con un brusco golpe para que nadie descubriese que la niña orgullosa que aparentabas ser, lloraba por un regaño de su madre? Yo sí, lo recuerdo perfectamente. El tiempo transcurre tan rápido y la vez tan lento para mí que puedo retener en la memoria instantes como ese. Yo me senté a tu lado y sonreí mientras pasaba la mano por tu cabello, alucinado con la ternura que desprendías. Tu cuarto era rosa en ese tiempo, color que comenzaste a odiar un par de años después, asegurando que ya no eras una princesa con fantasías bobas en la cabeza y más bien preferías destrozarte los oídos con música rock.

La habitación la pintaste de un azul oscuro que apenas se asomaba entre los afiches que pegaste en la pared. Debo confesártelo, al principio me torturabas con el volumen estridente del equipo de sonido y esas letras indescifrables que repetías mientras dibujabas. Con el tiempo llegaron a gustarme también, y es que defendías ese género musical con tanta pasión que tus palabras me calaron hondo. Tu madre no lo llegó a comprender jamás, y las amigas que traías de visita tampoco.

Me acuerdo de la primera persona que llegó aquí y supo valorar como yo, la vehemencia con que vivías para tu arte. ¿Tú también lo recuerdas verdad? El idiota ese que parecía perfecto para ti en ese momento, con quien soñabas ilusionada todas las noches hasta que decidió dejarte por alguien más. De nuevo te ocultaste para llorar en soledad; pero cuando pensabas que te encontrabas apartada del mundo, yo estaba ahí, absorbiendo tus penas y brindándote un consuelo silencioso.

Esa no fue la primera vez, ¿cuántas veces fui testigo de tus amores y desamores? ¿De historias de romance que no sucedieron o acabaron con distintos finales? Lo que para ti fueron momentos perdidos o experiencias de vida, para mí fueron instantes en que te perdía; abandonada en brazos de quienes supieron desnudar tu cuerpo, mas no descubrir el tesoro de tu alma.

Un naranja pálido y paredes desnudas fueron la última decoración, la que me dejaste antes de encontrar entre esas relaciones infructuosas la que perduraría más, la que ingenuamente creíste sería la definitiva.

No pude dejar de llorar tu ausencia todos esos años. Debí engañarme pensando que no volverías, que no sería testigo nuevamente de tus ojos marrones reflejando los deseos de tu alma. Sin embargo, estuve ahí, junto a esa ventana todo ese tiempo. Recordándote, inconscientemente aferrándome a la esperanza de verte cruzar el jardín algún día y que finalmente volvieses a mí: tu amante invisible, este fantasma que sólo pudo ser testigo de tus vivencias y tuvo que aguantarse la última broma cruel que dejó Dios atrapada en su alma: la capacidad de sentir amor aún después de la muerte.

Estaría de más explicarte cómo me sentí el día que atravesaste esa puerta, como si nunca hubieses dejado de vivir aquí. Me lancé a tus brazos aunque no me sentiste, consolándote como antaño, sintiendo impotencia por no ser capaz de retener esas lágrimas mientras te preguntabas por qué nuevamente fracasabas en el amor.

Me sentí feliz ante tu desgracia, fui egoísta, lo sé, tú sufrías, pero estabas de nuevo a mi lado. Nada me importaba más.

Mientras tú creíste estar encerrada en una prisión de soledad, yo vivía el cielo en la tierra. Acompañándote sin ser presenciado. Abrazándote sin que sintieras mis brazos, besándote en los labios mientras dormías y pensabas que se trataba de la brisa que se colaba por un resquicio de la ventana.

Te mirabas al espejo y veías el correr del tiempo deteriorando tu piel y destiñendo tus cabellos de ébano. Yo te veía más hermosa, con el tiempo mellando experiencia y sabiduría en tu mente y tu corazón. Y ahora, finalmente llegó el momento que esperé toda tu vida. Ya atravesaste esta etapa de existencia llamada vida, la misma que yo atravesé… ya ni sé cuánto tiempo atrás.

Tus sobrinos sollozan; yo sonrió, el médico toma tu pulso y yo toco tu corazón. Tu vida se extingue, pero renaces en la muerte. Tu alma es finalmente libre de esa prisión de carne que te ata ese mundo de sufrimiento y mentira, de alegrías pasajeras que se olvidan con el tiempo.

¿Estás desconcertada? ¿Esperabas ver al ángel de la muerte como guía al paraíso? La verdad amada mía, es que llegó el cielo para ambos, el momento en que la muerte nos une y encontramos la felicidad en sus alas.

Bueno, espero que les haya gustado, hace mucho no subía one-shots.

4 Microcuentos

sábado, 24 de julio de 2010

Hace un tiempo les puse una entrada sobre una convocatoria para Narrativa en menos de 140 caracteres. La convocatoria consistía en enviar un microcuento de no más de 140 caracteres a facebook o Twitter. Pues la versión beta del libro ya salió! :D pueden verlo aquí:


Uno de mis cuentos está por ahí XP

Aprovechando, les dejo un par de micro cuentos que tenía guardados :D


Nada surgía de su mente, sólo sueños rotos de un corazón que palpita
taciturno. Pues su musa había muerto



En aquella gélida noche, una víctima del néctar obsequio de Dionisio, consumó su destino.


Abrió un parpado, luego el otro; miró al cielo, y se quemó las retinas.


Entre óleos de colores, entre lienzos blancos que esperan pinceladas; descubrió su soledad.


Sonrió al ver la agitada calle, contando a los que como él, serían víctimas fatales del estrés.

7 Matar o morir: La decisión equivocada

jueves, 6 de mayo de 2010
Ethan se preparó mentalmente. Concentración, coraje y tranquilidad era lo que necesitaba.


El gran salón del templo estaba seguramente lleno de ojos inquisidores, quienes lo juzgarían y le darían el visto bueno como guerrero; pero más importante, era el juicio de su padre. Matar o morir era la consigna, y solo lograría su aceptación manchando sus manos con sangre.


A sus catorce años, era un valioso prospecto a convertirse en el miembro más joven de la Legión, demostrando su supremacía como guerrero, o más bien, la de su padre como maestro.


— ¿Estás listo?—la melodiosa voz de su madre lo sacó de sus pensamientos. Asintió con la cabeza lleno de seguridad y envainó su espada. Si tenía suerte, esa noche se llevaría un trofeo mejor, y no volvería a envainar esa arma—. Tu padre no será benevolente, lo sabes. Peleará a matar, intentará que sea su vida o la tuya la que pague esta noche. No importa lo que te diga o lo que te haya enseñado, no dejes que la ira nuble tu mente— le recomendó con un tono impasible. No tenía deseos de perder a su hijo esa noche, ya fuera porque su vida fuese extinguida, o porque Axel al final lograse inculcarle su torcida filosofía sobre el odio y el poder.


Ethan aún estaba confundido, pero confiaba en que su padre sabía lo que hacía. Esa noche, además de arrebatarle su puesto en la Legión, se adueñaría de “Reil”, su espada. Una espada sumamente poderosa que había pasado por generaciones a manos de los primogénitos de su familia. Un espada de sangre como las llamaban; espadas tan poderosas que con el tiempo habían adquirido cierta consciencia y solo podían ser empuñadas por su amo. Si él quería ser el nuevo propietario de Reil, no había más opción que fulminar la vida de su progenitor y adueñarse de ella arrebatándola de su mano inerte.


Ya era la hora, salió al campo de batalla. Los mejores guerreros de las tres naciones unuas estaban ahí, incluyendo a su familia: su madre, y sus dos hermanos menores, quienes lo observaban expectantes, temeroso por lo que fuese a suceder.


Su hermana pequeña gritó su nombre moviéndose inquieta en los brazos de su madre, y su hermano Liaw, le comunicaba con una mirada de indiferencia que lo apoyaba.


Frente a él apareció Axel, su padre, uno de los mejores guerreros de la Legión. Hubiese sido más fácil retar al miembro más débil, pero eso habría sido una muestra de cobardía.


Se puso en posición: matar o morir; esa era la consigna de su padre, a La legión le hubiese bastado con que demostrase mayor habilidad y fuerza, pero eso no era suficiente para Axel.


La pelea empezó sin advertencia. Fugaces como un rayo y ligeros como el viento se elevaron en el aire y chocaron sus espadas.


Los miembros de la Legión se acomodaron en sus asientos, sonriendo con inmensa satisfacción. Ethan era tan fuerte y hábil como Axel presumía.


Movimientos imperceptibles, sonidos de metal friccionando; la fuerza de los dos hombres parecía equiparable.


El muchacho se abstraía del lugar, el ruido, el tiempo… solo él y su contrincante existían. Había visto a su padre pelear tantas veces que conocía de memoria sus movimientos; pero, en contraparte, Axel había entrenado a Ethan desde que era un bebé, conocía mejor que nadie sus debilidades y fortalezas. Ethan era como su madre: razonable, alegre y compasivo.


Se había jurado así mismo que lograría sacar esas debilidades de su hijo. Solo el odio y la ira guerrea debían circular por sus venas, el resto de sentimientos eran obstáculos; y esa noche lo demostraría ante todos, demostraría que habiendo extraído los sentimientos de Ethan, lo había convertido en una magnifica arma letal, el pionero en una nueva generación de unuas. El primero de una generación sanguinaria e implacable.


Ambos ponían todo su empeño, ninguno parecía ceder. Sería una prueba de resistencia si alguno no demostraba supremacía frente al otro. Ethan apretaba la empuñadura de su espada con fuerza, evaluando la situación. Era tan hábil como su padre con la espada, pero como su madre le había enseñado, habían otras formas de combate que no requerían de destreza física.


Ya tenía una estrategia en mente.


Esquivó los ataques e intentó alejarse lo más posible. Con extrema agilidad escapó de las estocadas y en un impresionante salto vio a Axel desde la altura.


Imaginando el guerrero mayor que el joven arremetería con su espada, lo esperó listo en una posición defensiva.


La madre del muchacho fue la única que se percató de lo que venía a continuación.


— ¡Abrax!— pronunció el muchacho, guardando su espada y juntando las manos. Enseguida, en sus palmas se formó un cúmulo de energía. Lo que parecía una inofensiva luz rojiza comenzó a crecer, convirtiéndose en una especie de escudo de tamaño superior al cuerpo del guerrero. Causando una fuerte y caliente ventisca, cayó con increíble peso sobre Axel, dejándolo desprotegido y herido en el suelo.


Ethan aterrizó con delicadeza. Reil yacía lejos de la mano de su propietario. Con una mirada llena de ilusión su padre lo observaba acercarse. Ethan lo había vencido, su mayor meta en la vida sería lograda. Esperó el abrazo de la muerte, el cual llegaría gracias al frío metal de la espada de Ethan atravesando su corazón.


Mas no fue así.


Ethan contempló con los ojos muy abiertos la indefensa silueta de su padre. Alzó la espada con manos temblorosas. Sabía lo que debía hacer, pero no quería. El capricho de su padre no era su deseo. Los sentimientos no habían sido arrebatados de su alma como esperaba.


Miró hacia la gente.


Los miembros de la Legión esperaban expectantes. Ethan ya había ganado su puesto con ellos, acabar con Axel no era necesario. Su madre lo observaba con un gesto frío, casi con decepción. Aquella mirada afianzó su decisión.


Envainó nuevamente su espada y dio media vuelta.


— ¡¿Eso es todo?!— Axel gritó lleno de ira, levantándose dificultosamente—. No te entrené para esto. ¡Acaba con mi vida! ¡Apodérate de Reil como es que debes hacerlo!


—Nadie me dice que hacer— el muchacho decidió no voltear. Había ganado, no necesitaba más.


—Eres débil Ethan, no importa que me hayas ganado. La compasión causará tu ruina, mientras la mantengas no llegarás a dar lo mejor de ti. Preferiste quedarte en la mediocridad y eso te llevará a tu fin.


Ethan se detuvo a escucharlo, pero en seguida continuó su camino. Él era él, y siendo como era había demostrado ser el guerrero más fuerte de su generación. Su padre estaba equivocado, su madre no. Ese sería el camino que seguiría. Sin embargo, no sería hasta años después que al mirar al pasado y considerar sus acciones, que la duda se sembraría nuevamente, y el camino elegido se mostraría menos prometedor.


Cada decisión, cada acción determina el futuro, y tal vez, su padre había tenido razón, y ese día había tomado la decisión equivocada.


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Un one-shot de Ethan, personaje de mi fic: El tesoro de Charleen. Este es un momento muy importante en su vida y el cual marcó muchas de sus acciones.

Espero les haya gustado ¿Comentarios?

8 El ángel que quería sentir dolor

domingo, 11 de abril de 2010

El ángel que quería sentir dolor

Desde el cielo inmaculado, sobre una vaporosa nube disfrazada de algodón, un joven ángel miraba melancólico a la tierra.

Cuánto admiraba a los humanos, cuánto envidiaba su condición: correr, caer, sentir, vivir…

Aun con experiencias negativas, la vida era un misterio que deseaba descubrir. Quería sentir dolor y satisfacer su curiosidad ¿Era tan malo como decían? Pero qué importaba tener una desagradable sensación cuando esta te demuestra que vives, que tienes un cuerpo material que varía con el pasar del tiempo.

—Dios, ¿puedo ser humano?— le preguntó después de suspirar un par de veces por contemplar la creación.

—Eres un ángel, un ser de luz y espiritualidad, eres superior, ¿por qué quieres bajar y sufrir como mis hijos?

—Porque quiero experimentar— sonó ansioso—, quiero sentir el dolor y la agonía, porque sé que una vez que pase, podré apreciar la felicidad.

— ¿Estás seguro?— le preguntó Dios.

El ángel asintió.

Dios entonces, con su inmenso poder, le otorgó un cuerpo humano.

Sus bellas alas de plumas plateadas se desvanecieron en un fino polvo. Su silueta incorpórea se materializo. Piel, pulmones, hígado y por último un corazón, comenzaron a funcionar.

El ángel dio el primer respiro, la primera bocanada de vida. Y tras alimentar sus pulmones con aquel elemento, saltó de su nube a la tierra.

—Dios ¿estás seguro de lo que hiciste?— lo cuestionó el arcángel Gabriel, preocupado por el inexperto ángel, una de las más nuevas creaciones de Dios.

—Él ya volverá, más rápido de lo que piensas.

Mientras tanto el pequeño ángel sentía al aire besarle la piel. Caía a mucha velocidad, pero sintió en sus cuerpo humano, cosas indescifrables que como ser netamente espiritual nunca había experimentado.

Era emocionante, la adrenalina fluyó en él por primera vez. Era hermoso, vio con ojos imperfectos e inferiores la magnífica creación; como la tierra se aproximaba más, cada vez más…

Y así, antes de tocar el suelo, intentó expandir sus alas y alzar vuelo para un suave aterrizaje.

Lo que el ángel recién cayó en cuenta, fue que sus bellas alas se habían quedado en el cielo, junto a su capacidad para volar.

Fue así que se estrepitó contra el cemento de una gran urbe. Cayendo con un golpe seco, dejando una mancha roja como la única evidencia de su viaje al mundo de los humanos.

Dios lo esperaba en el mismo lugar donde se habían despedido. El ángel ascendió al cielo, de nuevo en forma espiritual, cruzando los brazos en señal de frustración.

—Ok, el dolor no es agradable…

— ¿Viste que iba a volver?— le preguntó Dios a un muy asombrado Gabriel.


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Seee, hace tiempo que no escribía tonterías....

mejor miren mis dubus de abajo! :D

4 Un día especial

miércoles, 3 de marzo de 2010



Hola! sí, tanto tiempo, lo siento, ya me pondré al día.

Hoy le dedico este relato a una personita especial: Claudia.

Hace más de un año que somos amigas y hoy fue su cumpleaños, así que con Hikari, escribimos esto para ella.

TKM Claudia!

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Un día especial



Claudia alistó su mochila de colegio con lentitud. De nuevo empezaban las clases, de nuevo debía asistir a ese horrible colegio donde no tenía amigos verdaderos. Sus vanas esperanzas de conocer a una persona especial, se desvanecían con el inicio de cada semestre, cuando todo era igual.

Suspiró con cansancio, resignada a tener un muy largo día escolar, su madre ya le gritaba que se diera prisa y molesta bajó las escaleras, sin ningún tipo de emoción. Sabía que todo sería igual que siempre, que al llegar a su salón encontraría las mismas caras burlonas, las mismas voces cargadas de desprecio y que probablemente estaría sola durante toda la mañana, así era su vida.

Solitaria caminó por la calle, a su paso contemplaba a los pequeños grupo de amigos que iban juntos en la misma dirección. Las chicas con sus amigas conversaban y reían, un grupo mixto se mandaba ringtones y screensavers por el móvil, pero, lo que más llamó su atención y lastimó al mismo tiempo, fue ver a una parejita que caminaba da la mano. Era nada más ni nada menos que el chico que le gustaba.

Con tristeza bajó la mirada, no soportaba verlo, él apenas notaba su existencia, es más de seguro no sabía que existía, que aquella muchacha de cabellos castaños, lo amaba en secreto desde hacía más de dos años. Con dolor en el corazón siguió caminado, cuando de repente… sintió un golpe en su nuca, seguramente de una bola de papel, y divisó a sus espaldas a un grupo de chicos que le sonreían divertidos, conocía a la mayoría, solían molestarla a menudo.

—¿Sigues soñando con él? Bueno supongo que soñar no cuesta —rió Carla, una malvada chica del curso superior. Las risas de sus acompañantes no se hicieron esperar hiriendo en lo más profundo de su corazón.

Se sonrojó un poco al notar lo obvia que era cuando observaba a Aitor y sin prestar atención al cuchicheo general siguió su camino

No se sorprendió en absoluto al descubrir su pupitre con incontables gomas de mascar y líquidos extraños, así le daban la bienvenida sus compañeros, jugándole alguna broma de mal gusto; disfrutaban de ver su expresión de sufrimiento al limpiar el desastre y se vanagloriaban al tener la certeza que ella no los acusaría.

Con un rollo de papel que tenía siempre preparado en la mochila, limpió su asiento del pestilente y pegajoso liquido que uno de sus compañeros le había dejado en la mañana. La madera seguía pegajosa, de nuevo arruinaría su pantalón. Sabiendo que caía en más ridículo, colocó una generosa cantidad de papel y se sentó encima, para al menos no mancharse la ropa.

Las risitas no se dejaron esperar.

— ¿Te hiciste pis?— le preguntó un muchacho con malicia.

—El pañal va por dentro de la ropa— lo apoyó otra muchacha.

Claudia sentía ganas de llorar ¿por qué debían ser tan malos con ella? ¿Qué les había hecho? Nada, aparentemente su simple presencia los molestaba.

El maestro llegó para su fortuna, ya no tendría que aguantar a sus compañeros, al menos hasta el recreo.

El profesor de ciencias no entró solo al salón, justo tras él, apareció un muchacho con pose despreocupada.

Las chicas se emocionaron al instante, el apuesto chico era de su edad y no necesitaban ser genios para darse cuenta que aquel era un nuevo compañero.

—Chicos el es Ian Key, estará este semestre.

Gritos quedos de emoción escaparon de las muchachas de la clase.

Claudia observó al muchacho con cierto embeleso también.

Era alto, mucho para su edad; sus facciones maduras, su cabello castaño, un poco largo con ondulaciones en las puntas, sus ojos verdes y el desarreglado uniforme lucía su atractiva, pero nada exagerada, complexión física.

Con desinterés dejó que el profesor hiciera las presentaciones pertinentes para luego buscar con la mirada, sin cambiar su expresión, algún puesto vacío. Claudia se quedó sin respiración al notal que el único lugar disponible estaba junto a ella. A Ian no pareció importarle y se dirigió hasta allí sin siquiera dedicarle una mirada; el profesor ya iniciaba su aburrida clase, mientas él se colocó unos audífonos.

Algunas de las muchachas no dudaron en hacer oír su molestia porque fuera justamente ella quien compartía el lugar junto al apuesto chico.

Cada vez que un alumno nuevo ingresaba, ella mantenía la ilusión de encontrar a un amigo, pero en este caso, sus ilusiones duraron menos que arena contra el viento. Ese chico era inalcanzable, era apuesto, seguro de sí mismo, no tardaría nada en que el grupo popular de la clase lo tomase como un nuevo miembro.

Desvió la mirada antes de que él notase que lo contemplaba. Tal vez el emotivo por el que no conseguía amigos era porque se tenía poco cariño; tal vez… sólo tal vez, si entablaba una conversación con ese muchacho… ¿Quién sabía? probablemente las apariencias si engañan después de todo y ese chico podía resultar diferente.

Eso sonaba bien, tomar las riendas, ser ella quien diese el primer paso, sin embargo, había un detalle importante: no podía hablar con chicos.

No sabía qué decirles. Si con otras chicas era difícil, con un ejemplar del sexo opuesto era tarea imposible. Las manos le sudaban, el corazón le bombeaba con fuerza y las palabras no salían de su boca, no podía pronuncias un simple “hola”. Los hombres eran seres inalcanzables para ella.

Entre pensar sobre su pánico y decidir si iba a hablarle o no, el periodo pasó volando. El timbre anunció el cambio de hora.
Ian se levantó y Claudia se sobresaltó, era ahora o nunca, sólo debía decirle: “Hola, soy Claudia ¿Quieres que te muestre dónde es nuestra siguiente clase?”

Nada podía ser más sencillo. Se armó de valor, lo miró de frente y abrió la boca.


—Chico nuevo ven aquí— una coqueta voz llamó la atención del muchacho. La chica más bonita del salón, Sheila, ya había capturado al nuevo compañero. “Otro aditamento a su colección”, pensó Claudia con melancolía. Sheila se le había adelantado, quitándole, como siempre, una de las pocas oportunidades en las que tomaba una decisión valiente.


Bajó la cabeza a tiempo que recogía sus libros.


Sheila llevaba a Ian del brazo, abrazando descaradamente al muchacho que acaba de conocer.

Claudia colgó la mochila de su hombro y se percató que pese a ser arrastrado por Sheila y sus amigos, Ian la miraba, mantenía sus ojos verdes clavados en ella.

Agitó su cabeza en el intento de despejar esas ideas, debía ser sólo su imaginación que le jugaba una mala pasada, quizás estaba tan necesitada de amistad que ya comenzaba a alucinar, ese chico no podía estar mirándola, no cuando tenía a Sheila junto a él.

Como siempre pasó el recreo en soledad, los escasos minutos que tenían de descanso ella los aprovechaba para alejarse y leer o comer algo tranquilamente, sin ser blanco de burla. Estaba en el patio bajo la sombra de un gran y aledaño árbol, contemplando a lo lejos como los demás adolescentes se divertían, con algunos juegos, o simplemente charlando entre ellos. Claudia no sabía lo que era estar en un ambiente así, no conocía la sensación de aceptación y miraba con envidia como los otros disfrutaban de lo que ella, probablemente, jamás tendría.

Si tan sólo fuera más valiente, si pueda controlar su timidez y se atreviera, al menos por una vez, a hablar con soltura tal vez las cosas serían diferentes, pero por más que lo intentaba no podía hacerlo; y esa mañana nuevamente fracasaba. Ian le parecía demasiado perfecto, y ella no creía tener ninguna oportunidad de poder ser su amiga, seguramente no tardaría en unirse al resto y ser parte del grupo que se divertía con su sufrimiento.

Sumida en sus pensamientos ni siquiera notó el momento en que alguien se sentó a su lado. Volteó temerosa y la manzana que se había llevado a la boca cayó al suelo con un golpe seco. Ian estaba ahí. El muchacho se había sentado hecho al desentendido, aún con los audífonos en los oídos.


— ¿Quieres sentarte acá Ian?— Sheila apareció también, seguida por el resto.
—Sí, es agradable— el chico levantó los hombros, por primera vez Claudia lo escuchaba hablar. Su voz le pareció varonil y hermosa, aún mas aterciopelada que la del mismísimo Edward Cullen.

—Ya escuchaste rata, vete, nos sentamos acá— accediendo al deseo de su nuevo compañero, Sheila la botó desdeñosamente, secundada por sus otros amigos.


—Sheila eso no…— comenzó Ian, pero se detuvo al contemplar como Claudia se había ido corriendo de ahí.

Claudia maldijo a Ian mientras iba a los baños a limpiarse las lágrimas. Ese chico ni la conocía y ya le había quitado el único espacio que tenía en el colegio ¿dónde iría? Todo el patio estaba ocupado por los diversos grupos de chicos y chicas que compartían el recreo juntos, conversando animadamente, donde ella no tenía cabida.

En cuanto el receso acabó regresó hasta el salón y miró a Ian con cierto recelo, él ya se encontraba en su lugar, todavía con sus audífonos puestos y su expresión impasible. Frunció el ceño cuando vio a Sheila y su grupo ocupando también su lugar, hablando animadamente con el muchacho. Ian llegaba solamente para quitarle lo poco que tenía, esperó con timidez a que el profesor entrara y dispersara el grupo, pues nadie daba señas de marcharse ni prestaban atención a su presencia.

Tomó asiento asegurándose de que éste se encontrara en condiciones y con nerviosismo comenzó con sus anotaciones. Se tensó al sentirse observada, por el rabillo del ojos notó que Ian clavaba sus ojos verdes en ella, incapaz de sostenerle la mirada volvió la vista a su cuaderno y tragó saliva con dificultad. Pocos minutos después vio como los finos dedos del chico arrastraba un papel hasta dejarlo a algunos centímetros de ella.

“¿Cuál es tu nombre?” decía la nota.

Leyó sin mover la cabeza, solo bajó la mirada. Nerviosa, insegura, temblorosa, aquella nota la afectaba más que un revolver contra su sien.

Consideró responder, su instinto de inmediato la disuadió. No podía, eso de seguro era una broma. Sus sádicos victimarios usaban al chico nuevo para jugarle alguna broma pesada. Ya lo había vivido antes, la habían ilusionado con Aitor, mandando notas a su nombre, como si fuese una especie de admirador secreto; cuánto había llorado al enterarse que era Sheila quien le escribía las cartas y luego reía a sus espaldas cuando ingenuamente contestaba.

No, no pasaría de nuevo, ya no caería tontamente en una cruel broma.

Ignoró la nota, hizo de cuenta que no la había visto y continuó con la atención fija en el maestro.

Escuchó resoplar a Ian y por un momento se arrepintió de no haber respondido, mas internamente se repetía que lo mejor era ignorarlo, no quería acabar el día llorando con el corazón roto una vez más.
En cuanto la campana anunció la salida, respiró profundo, al fin atisbaba algo de libertad. Rápidamente recogió sus cosas y salió a toda prisa tropezando accidentalmente con Sheila, la chica caminaba con claras intenciones de hablar con el alumno nuevo cuando ella, desesperada por marcharse, chocó con ella.

—¡Lo siento! —se disculpó de forma automática, agachándose para recoger sus carpetas.

—No toques mis cosas, luego tendré que desinfectarlas —le dijo de forma despectiva, empujándola con el brazo provocando que perdiera el equilibrio.

Claudia sollozó silenciosamente queriendo salir de allí, sin embargo alguno de sus compañeros se interpusieron en su camino, por instinto retrocedió un par de pasos asustada.

—No la molesten —escuchó decir a alguien y se sorprendió al descubrir la identidad de la persona que la defendía.

Ian se interpuso entre ella y los demás, todos lo miraban incrédulos y Claudia aprovechó esa pequeña distracción para huir. Corrió hasta la salida y agitada se detuvo a tomar aire una vez que estuvo un par de cuadras alejada, nunca imaginó que Ian la seguía en todo el trayecto.

Ese era un día extraño. Continuó a paso más lento, pensando bien lo que sucedía, temía por su seguridad en la escuela, que las cosas fuesen a ponerse peor con la aparición del nuevo chico.

Miraba al piso y se detuvo para no chocar cuando vio un par de zapatos frente a ella. Rápidamente levantó la cabeza y se aterró al ver a Ian frente a ella. La había seguido y de alguna forma se había adelantado, interceptándola ¿Qué le haría? Retrocedió con miedo, el muchacho mantenía las manos en los bolsillos y un serio semblante.

— ¿Podría saber qué te hice?— le preguntó sonando un tanto molesto.

Claudia tragó saliva, tenía miedo.

—Nada— murmuró—. Solo, déjame tranquila, suficiente tengo con eso idiotas que me molestan a diario para que tú vengas a hacerme lo mismo. Deja de molestarme por favor— sacando valentía de algún lugar, lo confrontó, con nuevas lágrimas brotando, no podía pasar ni una hora sin llorar.

Ian arqueó una ceja y de un momento a otro, y para mayor impresión de Claudia, comenzó a reír.

—Eres una neurótica, ni te conozco. Ya me di cuenta que te molestan, no quiero formar parte de eso, me pareces una persona demasiado dulce e inteligente que soporta demasiado. Solo quería saber tu nombre, pero empezaste a ignorarme y a huir sin motivo.

—Es que yo…
Claudia balbuceo sin estar segura de qué decir, definitivamente no esperaba una respuesta así. ¿Realmente decía la verdad? No podía creerlo tan fácilmente, pero él se oía tan sincero que simplemente le creyó, después de todo no tenía mucho que perder, si es que se trataba de una broma más, luego lo averiguaría.

—Soy Claudia —le dijo con dificultad, mientras sus mejillas se teñían de rojo, para ella no era posible hablar sin sonrojarse.

Ian sonrió con satisfacción, haciendo que se pusiera más tensa, nunca antes había entablado una conversación con un chico y no tenía menor idea de lo que debía decir.

— ¿Ves? no es tan difícil— se aproximó, logrando acelerarle el corazón.

Tenía razón no era tan difícil, aunque parecía un sueño: ella Claudia, la tímida incapaz de hablar con un chico estaba hablando con uno muy apuesto en ese momento.

Sonrió algo nerviosa, Ian parecía amble, después de un incómodo silencio provocado por la inseguridad de la muchacha, Ian le pidió acompañarla.

Ya no solo había hablado con un muchacho, caminaba junto a uno. Se tensaba al pensar que la conducía una trampa y en cualquier momento, los chicos de su salón aparecerían lanzándole entrañas de pescado o alguna otra asquerosidad.

—Y… ¿por qué te molestan?— Ian preguntó a tiempo que miraba distraídamente el paisaje al caminar.

—No sé, siempre fue así. Intenté hacerme su amiga, pero me decían que era una friki insoportable. Al principio solo me hacían a un lado, luego empezaron a jugarme bromas, insultarme y lastimarme— confesó con profunda tristeza.

Ian se detuvo al escucharla y volteó hacia ella.

—Deberías hacerles frente —dijo llevándose las manos a la nuca. Claudia lo miró horrorizada, muchas veces lo intentó y eso sólo acabó peor, por lo que prefería soportar y no buscarse más problemas—. Está bien, quizás eso no sea lo mejor.

Claudia rió con sorna, por algún motivo se sentía a gusto en compañía de Ian, era la primera vez que experimentaba algo como eso, sin siquiera darse cuenta ya se encontraba charlando fluidamente con el muchacho, pues le inspiraba una paz inexplicable.

—Bueno, seguiré por esta calle —le dijo tras caminar algunas cuadras juntos—, te veré en la escuela, bueno… si quieres —se apresuró a aclarar.

— ¿Tienes prisa? Porque soy nuevo en la ciudad y estoy necesitando un guía—dijo Ian sonriendo amigablemente. Claudia meditó la respuesta, lo cierto era que sus padres trabajaban hasta muy tarde y nadie la esperaba en casa por un buen rato, la idea de quedarse con Ian se le hacía bastante tentadora.

—Bueno, aunque no hay mucho que ver, la ciudad es pequeña —le advirtió.

Ian se encogió de hombros y emprendió la marcha. Las conversaciones fueron surgiendo espontáneamente, lo mejor de todo era que ambos aparentaban disfrutarla; él era ocurrente, divertido e inteligente y muy agradable, descubrió que tenían muchas cosas en común y un regocijo inusual la invadió.

—Me agrada estar contigo, Claudia —dijo tras un momentáneo silencio.

Ella no estaba segura de que responder, pues nunca nadie le dijo algo similar, su falta de experiencia se hacía notoria una vez más.

— ¿Por qué te agradaría estar con alguien como yo? —cuestionó mordiendo levemente su labio inferior.

—Porque eres diferente a las demás.

No supo cuanto tiempo pasó hasta que vio su reloj, ya atardecía y se preguntaba cómo fue que las horas se le pasaron tan rápido. Casi inconscientemente avanzaron por toda la ciudad hasta llegar a la costa. Su pueblo era pequeño, pero inmensamente hermoso, las olas golpeaban las rocas y el cielo de acuarelas naranjas y rojas era un espectáculo único. Claudia temía estar soñado, se encontraba en la playa, acompañada por un muchacho guapo, contemplando el atardecer, una escena demasiado perfecta.

—Increíble —mustió más para ella, pero Ian pudo escucharla perfectamente.

— ¿Qué es lo increíble?

—Lo perfecto que es este momento —confesó con la timidez innata de su persona.

Ian curvó sus labios, esbozando esa sonrisa que Claudia, más tarde supo, sólo podría esbozar él.

— ¿Sabes? Podría ser más perfecto —le susurró aproximándose peligrosamente a ella. Su corazón se aceleró y no tuvo reacción hasta tenerlo a tan sólo centímetros de ella.

Se impresionó al sentir los suaves labios de Ian. La estaba besado, era su primer beso y se sentía maravilloso. Cerró los ojos y se dejó llevar, pasaron los minutos y ya estaba extasiada. Ian le acariciaba le cabello y movía acompasadamente la boca, degustando y haciéndola degustar el dulce sabor producido por el momento más mágico con el cual había soñado.

Claudia siempre había deseado que su primer beso fuese con Aitor, sin embargo, Ian ahora ocupaba un lugar en su corazón. Lo acababa de conocer, pero sentía que ya habían compartido infinidad de cosas juntos. Se separaron cuando sus pulmones reclamaron oxígeno tras el dulce y apasionado beso.

—Nos vemos mañana en el colegio— Ian se levantó con despreocupación y regresó a su casa.

Claudia permaneció estática, mirando hacia el mar, digiriendo lo que acababa de ocurrir. Un apuesto chico acaba de besarla, a ella, a Claudia, la chica sin amigos.

Sonriendo regresó a casa y no fue capaz de conciliar el sueño pensando en lo acontecido el día anterior. Tenía miedo de cerrar los ojos y descubrir que todo había sido producto de su imaginación.

Casi como un ente se despertó en la mañana, se arregló, desayunó y por inercia bajó la cabeza y salió a la calle esperando pasar desapercibida. Pero, su rutina no sería la misma ese día.

Se sorprendió al ver a Ian esperándola contra la pared de su casa. Parecía que llevaba ahí unos buenos minutos. No podía creerlo, la había ido a recoger. Eso, o estaba ahí para hacerle entender que lo ocurrido el día anterior no había significado nada. Se amargó ante tal pensamiento.


—Buen día ¿vamos?— Ian se quitó los audífonos al verla y tiernamente le expendió la mano, la cual, Claudia no dudó en tomar. Su amargura paso de inmediato y sonrojada caminó junto al muchacho. A partir de ese día ya no iría sola al colegio, ya no pasaría los recreos rezagada. Tenía a Ian, su nuevo amigo, o novio, no estaba segura de la situación, pero qué más daba, no estaba sola, lo quería y eso era lo que importaba.

2 Un gran año!

viernes, 1 de enero de 2010
Quería desearles a tod@s un muy feliz año nuevo!

Este fue un año maravilloso para mí. En este año incursioné en el mundo de los fanfics y las novelas digitales, hice grandes amigos y por supuesto escribí más que nunca, ¡terminé 2 novelas! y ya casi acabo la tercera, de las miles de cosas que tengo inconclusas e ideas que nunca llevé al papel, pero rondan mi mente, nunca pensé escribir tanto en un año.

También leí muchísimo, no libros, pero si historias fantásticas y hermosas que me hicieron reír, llorar y suspirar; historias de talentos innatos que andan por la red y espero algún día las editoriales aprecien estos talentos y publiquen estas geniales historias.

Empiezo este año con algunos anuncios y novedades para quienes siguen mis historias:

1º¡ El cinco de enero "El amor real no es prohibido" cumple un año de vida! wow el tiempo pasó volando, parece que fue hace poco que se me ocurrió escribir un capítulo, publicarlo en fanfic.es y probar suerte.

Para esa fecha quería publicar la versión en PDF, como e-book, lastimosamente creo que me tomará un par de días más. Aun no la termino de editar, arreglé muchísimas cosas y el trabajo nunca acaba, y después, ando a mitad del trámite con el registro de derechos de autor... La oficina de mi ciudad se trasladó y entraron en receso creo que hasta el 6 ¬¬ así que tendré que esperar para que me den el ISBN, en cuanto esté, publico la versión en e-book y veré la posibilidad de poder venderlo como libro vía bubook o lulu, ojo quela versión digital será GRATIS, sólo la impresa se venderá por si a alguien le interesa añadir mis divagues románticos a su biblioteca.

2º Lo mismo para “Mi dulce tormento”, ya está diagramada y casi terminada de corregir, solo ando en espera del ISBN.

3º Subí una historia dramática a fictionpress, XD en realidad es un cuento que escribí en el colegio hace... no sé 7 años creo. La mejoré un poco, pero dejé la historia, si la leen verán que al redacción es distinta a la que uso normalmente XD. Pueden leerla aquí: http://www.fictionpress.com/s/2758585/1/Basta

4º ¡El amor real no es prohibido superó las 55000 visitas! sii, soy feliz! sumando las visitas de todas las páginas donde publico (sin contar paraiso fanfiction que pereció), la historia tiene como 57000 visitas. Haciendo cálculos de acuerdo a la mínima cantidad de visitantes por capítulo creo que son alrededor de 800 lectores, nunca pensé llegar a tantos, 100 era mi meta.

¡Gracias a quienes la siguieron y siguen las otras! ¡esto me motiva a seguir escribiendo y publicando!

Ya le había comentado a algunos que pensaba probar suerte en alguna editorial con algunos proyectos que tengo a medias (y si es posible con las que conocen también), ojalá este año se dé, es una de mis metas, buscara alguna editorial arriesgada y masoquista que publique lago mío XD jaja, sin embargo nada es como publicar en internet, que la gente lea libremente, te comente cada capítulo, leas del mismo público que cosas les agrada de tu historia y que cosas no.

A quienes escriben y no publican: ¡anímense! verán que es sumamente satisfactorio.

5º En un momento de inspiración sentimentalista cursi, escribí un posible final para Sophie, algo así como un final alternativo, lo publiqué en una página poco visitada, jeje algunas personas lo encontraron, pero si quieren darse la tarea de buscarlo les doy la pista de que el link a esa página está por mi blog XD

Por último, un pequeño cronograma del primer bimestre de este año (puede sufrir modificaciones):


Enero 2010

2 de Enero: Publicación fuera del blog de "Un regalo para Grecia"/ Capítulo 39 de "Los sueños secretos de Sophie"

5 de Enero: Segundo capítulo de "Un beso de verdad", Aniversario de "El amor real no es prohibido" (fiesta con premios, jaja ok, no habrá permios pero posiblemente saque un one-shot)

9 de Enero: Capítulo 40 de "Los sueños secretos de Sophie"

13 de Enero: último capítulo de "Un beso de verdad"

16 de Enero: Capítulo 41 de "Los sueños secretos de Sophie"

23 de Enero: último capítulo de "Los sueños secretos de Sophie" (fecha muy propensa a ser atrasada), segundo y último capítulo de "Un regalo para Grecia"

30 de Enero: Primer capítulo de "El tesoro de Charleen" mi nueva historia larga, de romance y aventura, es una especia de introducción a mi nueva "serie" de historias, las cuales tiene romance, fantasía y aventura. (Esta fecha está provisional, intentaré que el primer capítulo coincida con el último de Sophie)

Febrero 2010

6 de Febrero: Versión e-book de "El amor real no es prohibido" (fecha tentativa)

20 de Febrero: Publicación de "¡Qué tontería!" nuevo one-shot largo.

0 Gracias hikari -chan! ^^

martes, 29 de diciembre de 2009


Abro esta entradita para una personita especial, mi gran amiga Mony o Hikari chan como la conocen por ahí.




Hace unos día me envió dos hermosos dibujos y una canción inspirada en Sophie!



Hace algún tiempo también escribió una poesía de Thaly, la pueden leer acá.


Ahora les muestrolso bellos dibus que me mandó y Princess Dream!


Gracias Hikari TKM!










Por supuesto no dejen de leer lo que ella escribe, la admiro mucho tiene cosas realmente preciosas.




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Princess Dream
Inspirado en
Los Sueños Secretos de Sophie





Quizás no sea la mejor forma de por la vida caminar, no es tarea fácil aparentar, esa máscara es difícil de llevar, pero actuar y esconderse en la falsedad ayuda a no llorar por las cosas que hacen mal. Soy cobarde, lo sé… tengo miedo a lo que puedo perder si el mundo ve a la niña que siempre quise esconder.


Rudeza y soberbia fue lo que mostré dejando a mis sueños donde nadie los puede ver. Para el mundo reservé un duro corazón que finge no sentir amor, un alma despreocupada y glacial como esas amistades que vienen y van.


Pero el telón un día se cayó y vi que no hay nadie a mí alrededor, aunque muchas voces me envuelven, sólo la soledad me habla, el viento arrastra mis lágrimas y con el invierno me pierdo. No tengo camino ni destino, ya nada me anima ni motiva, mis anhelos van muriendo las ilusiones sólo son cuentos.


No puedo escapar, son demasiadas tormentas, el sol no sale más; este sueño se vuelve pesadilla si no me vienes a rescatar, necesito de ese beso que me haga despertar pues soy la princesa que le tiene miedo a amar.


Ven, enséñame que se puede querer dime que estás ahí y el hechizo se va a romper, quítame esta soledad que en tus ojos me quiero mirar, llévame que tu amor me puede salvar.


No soy sólo lo que ven, me oculto bajo un velo para mantener el dolor ajeno, no digo nunca nada, me confundo entre esa gente falsa, soy así no lo puedo evitar, el orgullo pudo más.


Es mucho lo que no me animé a mostrar, fue tanto el cariño que no me atreví a dar, inmenso el silencio en el que dejé que mi canto se esfumara. Mi indecisión fue el grave error, querer todo planear, elegir a quien amar, trazar el sendero por el cual caminar. Me equivoqué, al final de ese camino nada encontré, nadie que quiera mi corazón, nadie con quien vivir mi historia de amor.



Detrás de esta fachada hay alguien más, una soñadora que por tener todo no tiene nada, una amante de rebelde disfrazada pero hoy ya no puedo huir del reflejo que devuelve el espejo, esa verdad me persigue, el sufrimiento me desnuda, a estos sentimientos no los puedo borrar, soy una princesa que sufre en soledad.



Ven, enséñame que se puede querer dime que estás ahí y el hechizo se va a romper, quítame esta soledad que en tus ojos me quiero mirar, llévame que tu amor me puede salvar.

14 Un regalo para Grecia

miércoles, 25 de noviembre de 2009
Exhausto, no había mejor palabra que describiese como me sentía; tan simple y tan cierta. Los exámenes de fin de semestre se me habían juntado con los últimos partidos de la temporada.


Más que nunca debía equilibrar mi tiempo entre los estudios y los entrenamientos con el equipo de básquetbol de la universidad. Yo era el capitán, el jugador estrella como muchos me decían, y la presión por ganar el último partido ya pesaba sobre mis hombros.


Mi consuelo: ese era el penúltimo entrenamiento antes del gran partido, después solo debía encargarme de los estudios, bueno, no era un tan grandioso consuelo, pero al menos el cansancio físico terminaba.


—Buen trabajo Cohen, seguro ganamos el domingo— me gritó el entrenador al finalizar la práctica.


Me senté en la banca, tomé un sorbo de agua y como era costumbre me fijé en las graderías. Un grupo de chicas me esperaban; Anette entre ellas; una estudiante de medicina que tras abandonar los esfuerzos por conquistar a mi mejor amigo, se había empecinado en salir conmigo. De no haber sido porque me sentía su segunda opción, de seguro habría salido con ella, y quien sabe, tal vez algo más. Pero mi orgullo era demasiado, yo no era la segunda opción de nadie, por eso me hacía al indiferente con ella.


Ignorando sus vanos intentos por llamar mi atención, busqué en el otro extremo a quien siempre estaba allí esperándome: Grecia, una pequeña de catorce años y una de las mejores amigas de mi hermano menor. Desde hacía siete años ella asistía a todos mis entrenamientos y partidos.


Grecia era algo así como una pequeña amiga, mi fan número uno; era divertido pensar en el pasado y mirara al presente; Grecia no había cambiado, físicamente sí, pero su alma seguía intacta, con aquella pureza e inocencia de una niña de ocho años. Igual que en esos tiempos corrió por las graderías sosteniendo su mochila. Del colegio a la universidad ella realizaba un viaje de casi dos horas y, pese a la distancia, llegaba a tiempo, siempre con algún bocadillo fresco que había cocinado solo para mí.


A Grecia le encantaba cocinar y a mí me encantaba comer ¿podía ser más perfecto?


— ¡Estuviste genial Tiago! ¡Seguro ganamos el domingo!— con su inconfundible optimismo se acercó a mí y sacó el tapper de plástico con las galletas de ese día.


Sin pensarlo tome una.


— ¿De qué son?— pregunté con cierto desagrado, esperando encontrarme con chips de chocolate mordía algo pequeño y arenoso.


—Son integrales, el partido está cerca, necesitas micha fibra y carbohidratos— me explicó mientras comenzábamos a caminar hacia la salida. Además de ser mi pequeña fan se atribuía el título de mi dietista personal.


En nuestro recorrido la notaba algo nerviosa, parecía querer decirme algo. Yo sólo esperé y finalmente se decidió.


Del bolsillo de su uniforme sacó un elegante sobre blanco. Por las ajaduras se notaba que lo había llevado consigo por días.


—Tiago, bueno…— titubeó entregándome el sobre — mañana es mi cumpleaños— como olvidarlo, siempre que esa fecha se aproximaba me lo recordaba con semanas de antelación, y ese año en particular me repetía constantemente que cumplía quince, una edad importante para las mujeres —mi madre me está haciendo una fiesta y creí que.. Bueno ¿quieres venir?— se animó a preguntar finalmente.


— ¡Tiago! Hay fiesta en el edificio “D” ¿Vienes?— a lo lejos una de mis compañeras me gritó, interrumpiendo a Grecia.


—Sí, ya los alcanzó— le grité de vuelta — gracias, pero creo que me sentiré extraño con los niños de tu edad— de verdad que no lo dije con mala intención, simplemente era estúpido y no pensaba antes de hablar.

Inmediatamente Grecia me arrebató la invitación de las manos e intentó ocultar su rostro con su largo cabello rubio.


—Te entiendo, tienes razón, lo siento— sin mirarme y aún ocultando el rostro devolvió la invitación a su bolsillo y se fue corriendo.


Yo la contemplé mientras se alejaba, perplejo y confundido. No le presté atención, ella aveces era u poco extraña, ¿se había enfadado? Era posible, o eso pensé en ese instante, luego me enteré que ella había llorado amargamente durante horas gracias a mi insensible e imbécil desplante.



Dejando el asunto de lado corrí con el resto de mis compañeros. Como cada fiesta en el campus, esa terminó en destrucción masiva, ese era el tipo de fiestas a las que asistía, no quince años con chicos de colegio que a lo sumo se escondían en alguna habitación con una botella de champaña sustraída de alguna de las mesas de los adultos.


***


Posterior a la resaca pensé con claridad. Era curioso cómo había necesitado alcoholizarme para recién darme cuenta de la magistral estupidez que había cometido el día anterior.


Posiblemente el alcohol había encendido mis neuronas, o el cansancio del día anterior me había insensibilizado. Grecia me invitaba a su ansiada fiesta de quince años y yo como el gran estúpido que era le había rechazado.


Grecia era una niña increíblemente dulce, me cautivaba su forma tan especial de ver la vida y el cariño que le dedica a cada acción que realizaba, sobre todo si era para mí, desde hornear algo hasta pintarme una pancarta, y yo jamás le había dado un regalo siquiera.


Le debía una disculpa, una muy grande. Afortunadamente sabía donde vivía, su hermano mayor y yo éramos amigos… en realidad no, para desdicha de ambos compartíamos amigos, lo que significaba que automáticamente estábamos en el mismo grupo y debíamos toléranos.

***

—Sophie ¿qué le regalas a una niña que cumple quince años?— por casi diez minutos me había rebanado la cabeza pensando qué regalarle, pero no se me ocurría nada. Las únicas mujeres a quienes les compraba obsequios eran mi madre y mi hermana, después de eso, nunca había visto la necesidad. Mi relación más larga había durado tres semanas, no era el tiempo suficiente para hacer algún presente, y generalmente, me aburría repetir con la misma mujer más de tres citas.


— ¡Aprende a tocar!— en lugar de responderme mi hermana me reprendía agresivamente por entrar a su departamento sin anunciar mi llegada — ¿el regalo es para Grecia?— intempestivamente cambió su tono de una forma solo común en ella. No sé qué cosas pasarían por su mente en ese momento, pero ya parecía volar en una nube rosa mientras su ojos brillaban con entusiasmo y ensueño.


—Sí, me invitó a su cumpleaños. No sé qué se le puede dar a una niña de esa edad.


—Grecia no es una niña— volvió a su semblante de represión — ya cumple quince años, una edad importante, donde las niñas dejan de ser niñas para volverse jóvenes y lindas mujeres— me habló remarcando cada palabra, claramente quería que yo entendiera algo, pero no sabía qué, los hombres no entendemos indirectas.


Ignorando lo que posiblemente era una tontería inventada por su loca cabecita, volví a presionarla para que se concentrase en mi misión principal: comprar un regalo a Grecia.


Mi hermana Sophie era la persona indicada, era una mujer y le gustaba comprar ¿necesitaba más requisitos?


Después de seis horas en el centro comercial durante las cuales nos detuvimos en cada tienda antes de llegar a la joyería, Sophie realizó “paradas estratégicas”, en las cuales se llevó casi la mitad de artículos disponibles en cada tienda y contar con su ayuda ya no parecía una buena idea. Creo que ese día cargué alrededor de media tonelada en ropa y accesorios.


Finalmente llegamos a nuestro destino: Una elegante joyería; y en este caso como en la mayoría, elegante significaba costosa, extremadamente costosa.


Protestando por lo bajo obedecí a mi hermana, quien se suponía era una experta en esos temas y terminé comprando un dije de corazón, que según la vendedora, podía usarse en un colar o una pulsera.


No sabía si un corazón era el símbolo correcto que debía entregarle a una muchachita quien era más amiga de mi hermano que mía. Al final Sophie me convención con una charlatanería extensa sobre los miles de significados que un corazón tenía.


****************


Con el presente guardado en una fina cajita de terciopelo, la cual me había costado casi tanto como el dije, me dirigí a casa de Grecia.


Tal como esperaba el lugar se encontraba atestado de gente.


Bajé de mi motocicleta y caminé a la entrada, dándome cuenta recién que se trataba de una fiesta de gala y yo llevaba ropa común.


No importaba, a Grecia seguramente no le importaría, después de todo, ella debía encontrase muy feliz rodeada de sus amigos, yo simplemente iba a ofrecerle una disculpa, hacer acto de presencia y luego salir de ahí.


—Su invitación— en cuanto quise cruzar la puerta me detuvo uno de los guardias de seguridad.


Yo busqué en mis bolsillos momentos antes de recordar que Grecia me había quitado la invitación después de mi torpe cometario.


—No la traigo, Grecia olvidó dármela, pero la conozco— me excusé y los guardias rieron, haciéndome sentir aún más ridículo… como si eso fuese posible.


—Tú y todos ellos… ponte a la fila— aún con la sonrisa en sus labios me señaló una fila con varios sujetos que intentaban colarse a la fiesta, seguramente con el mismo pretexto que yo, claro que a diferencia de ellos, yo sí decía la verdad.


— ¡Evan!— grité al ver al hermano mayor de Grecia, quien salía de la mansión.


Con despreció me reconoció, por primera y única vez en mi vida agradecía el verlo.


— ¿Qué haces aquí?— me preguntó impasible.


—Grecia me invitó, diles que me dejen pasar.


— ¿Y tu invitación?— su pregunta retumbaba cargada de maldad, seguro estaba consciente de mi situación —sin invitación no pasas, además lo más posible es que la fiesta vaya a suspenderse.


— ¿Por qué?— me extrañé, él parecía hablar en serio.


—Grecia se niega a bajar, se encerró con llave en su habitación— su breve explicación vino acompañada de un portazo; no había la necesidad de tal acto, Evan quería establecer de manera física su terrible rechazo a mi presencia.


No me molesté en insistir. La fiesta no me importaba, la pequeña Grecia era el centro de mi preocupación. Ese día era importante y ella se veía entusiasmada por su fiesta ¿Qué le sucedía? Solo rogaba no ser yo la causa de su malestar. Un segundo de culpa fue reemplazado por negación. Yo no era tan importante para Grecia como para ser el motivo de su encierro.


Pensando tanto no iba a llegar a ningún lado, así que decidí averiguar por mí mismo. En las pocas ocasiones que había ingresado a esa inmensa casa, Grecia me había recibido gritando desde su balcón; uno contiguo a su habitación, el cual daba al jardín trasero.


Tal como esperaba, la luz de su habitación se encontraba prendida y la fortuna parecía sonreírme nuevamente, las puertas del balcón estaban abiertas.


Trepar hacia el segundo piso por las ramas de los rosales no parecía tarea complicada, y no lo fue.


Desde el balcón vi a través del fino tul que permitía le paso del viento, tras él distinguí la silueta de Grecia. Sin ser notado traspasé en la habitación y me abandoné al extasiante momento, en el cual Grecia era el centro de mi universo.


Ella se miraba en el espejo, llevaba su vestido de fiesta, uno rosa con brillos, de los que se sujetan solo arriba del pecho dejando al descubierto los hombros. De no haber sido porque ella lo llevaba puesto, jamás me habría fijado en detalles como ese.


Mi pequeña se veía triste, vacía, como el precioso envoltorio vacío de un caramelo, dulce como la recordaba del día anterior.


Sosegadamente volteó hacia mí, desconcertada por mi inesperada presencia. Yo no me moví, reprimí el impulso de arrimarla a mis brazos, el cual extrañamente, comenzaba a superar mi autocontrol y se apoderaba de aquella parte del cerebro que se encapricha con una determinada acción, por más inoportuna que resulte.


— ¿Tiago? ¿Qué haces aquí?— sin salir del asombro se dirigió a mí, su triste mirada aún me carcomía.


—Yo vine a disculparme, me porté muy mal contigo, no debí rechazarte.


—No te preocupes, no necesitabas venir—noté que reprimía unas lágrimas y que sus palabras no decían la verdad, algo le molestaba y no era solo yo.


— ¿Qué sucede? Evan me dijo que no quieres bajar, es tu fiesta…


—No, no es mi fiesta— me interrumpió tajante— es el peor cumpleaños de mi vida, y créeme que he tenido malos. Mi madre hizo todo esto para ella, no le importa siquiera que más de la mitad de mis compañeros no vino y que casi todos los que están son amigos de ella y su esposo ¿Cuál es el sentido? Ella no me quiere ahí y a sus invitados poco les importa el verme— se sinceró conmigo soltando las lágrimas.


En lo poco que sabía sobre ella, el tema de su madre no era algo a lo que estuviese ajeno. Su padre había muerto cuando ella era muy pequeña y su madre se dedicaba a viajar, vivir eternas vacaciones de sus hijos, quienes habían sido criados por los sirvientes de la casa.


La consolé tal como necesitaba. Me arrodille frente a ella y la abracé, no quería verla llorar, Dios… verla así es algo que me destruye el alma.


En ese momento hubiese sido capaz de arrancarme el corazón y regalárselo en una caja si eso le hubiese hecho sonreír.


Se soltó de mi abrazo y yo permanecí mirándola, aún arrodillado en el suelo.


¿Cuándo había crecido tanto? Sus ojos grises sumidos en la tristeza me parecían tan bellos… con un destello precioso que solo era superado cuando sonreía.


— ¿Tiago qué pasa?— la dulce voz de Grecia llamó mi atención, sacándome de ese hechizo hipnótico que me mantenía naufragando en sus cristalinas lágrimas.


—Nada, que tal si…—una idea surcó mi mente, Grecia merecía ser feliz en el cumpleaños más importante de su vida y estaba a mi alcance hacerla sonreír — vámonos— me levanté y le extendí la mano. Ella perpleja y sin entender me entregó con confianza su pequeña mano de piel de porcelana.


Me aproximé a la ventana, estaba oscuro y no parecía haber gente cerca.


De la misma forma en la que había trepado, bajé antes que ella, para ayudarla y vigilar que su aparatoso vestido y costosos zapatos no le jugasen una mala pasada.


Ya sabía exactamente dónde ir. Corriendo con sigilo atravesamos el extenso jardín hasta mi motocicleta, la cual esperaba parqueada en la acera.


Me pareció que los guardias se percataron que me llevaba a la cumpleañera, pero Grecia y yo habíamos partido tan rápido que sus reclamos sonaron como un zumbido inteligible segundos antes de ser reemplazados por el motor de la moto.


Nos detuvimos en un parque, el cual se encontraba vacío a esas altas horas de la noche. Justo en el centro se hallaba una enorme estatua, rodeada de pequeños jardines, pero esa no era la atracción principal del lugar. Ese parque era grande y poseía una especie de bosquecillo, el cual finalizaba justo frente a un risco. Una improvisada baranda de madera detenía la caía y servía como mirador.


Grecia se colgó del barandal, contemplando emocionada la luna, la cual brillaba y se reflejaba en su mirada. Su cabello rubio se veía platinado y vestido que llevaba marcaba su perfecta silueta. De nuevo me encontraba perdido, detallando cada parte de ella, sin encontrarle la más mínima imperfección.


No sé por qué, pero sin darme cuenta le retiraba el cabello y acariciaba la piel desnuda de sus hombros.


Ella volteó preguntándome lo que hacía con su expresión. Inmediatamente dejé mi acción percatándome de mi inoportuno movimiento.


— ¿Te gusta?— desvié su atención — me refiero a la vista— por el movimiento extraño que hizo con los ojos caí en cuenta que ella pensaba que me refería a la caricia. En realidad si me refería a eso, pero a último momento metí el tema del paisaje.


Esa niña me hacía sentir tanto, y esa noche mis locos sentimientos querían manifestarse por cuenta propia; y así lo hicieron, cometí una locura que nuca había pensado pudiese haber cometido.


— ¿Bailamos?— le pregunté con una ligera inclinación.


Ella pensó que bromeaba, yo no era de los que bailaban, menos en un solitario lugar y sin música.


— ¿Bailar qué?— me preguntó con una risa nerviosa.


—Se supone que son tus quince años, debes bailar el vals a la media noche. Ya son las doce— sin esperar respuesta la jalé hacia mí, cerrando uno de mis brazos alrededor de su cintura y la otra tomó su mano.


Empecé a girar lentamente, ella apoyaba la cabeza en mi pecho, no necesitaba apoyar los pies en el suelo, yo la elevaba, girando y moviéndola conmigo al compás de una melodía imaginaria. Ella reía, era feliz, y su alegría se me contagiaba; sentía como esta penetraba por cada poro de mi cuerpo hasta tocar mi alma.


Después ya la abrazaba, el compás terminaba y yo solo disfrutaba la presencia de mi pequeña; me abrazaba como lo hacía años atrás, o tal vez no… definitivamente no, eso no era igual a cuando tenía nueve años y se negaba a desprenderse de mi pierna.


Lastimosamente el momento acabó, ambos lo sabíamos, era momento de volver, a esas alturas yo ya debía ser buscado por secuestro y a Grecia le esperaba una buena regañina por parte de su madre.


—La fiesta aún no se acaba, tenemos varias horas que perder— mientras caminábamos de vuelta pensaba como alargar mi tiempo en su compañía. Aún no quería dejarla, ya estábamos en problemas, ¿cuánto más daño causaría que permaneciéramos juntos un par de horas más?


—Me prometiste que me llevaría s a pasear por el campus— Grecia alzó la vista y no pude negarme a su deseo. Hacía más de dos años que le había prometido llevarla a visitar el enorme campus universitario. Un paseo nocturno por ese lugar no parecía mala idea.


***


En la oscuridad le mostré los edificios donde pasaba clases, el área deportiva nos la pasamos de largo puesto que ella la conocía muy bien y caminamos hacia los dormitorios. Grecia se emocionaba con cada cosa que le contaba, por más aburrido que a mí me parecía contarle sobre mis clases y estrictos docentes, ella escuchaba atenta, enterándose de cada anécdota, interesándose en mi vida cotidiana.


— ¿Tienes frío?— me sentí torpe preguntándole a esas alturas, nuestra noche casi acababa y seguramente ella se había aguantado el clima que congelaba sus hombros desnudos. También lamenté el no tener una chaqueta en ese momento, solo levaba una camisa y no se vería galante que me la quitase para cubrirla precariamente — acompáñame a mi dormitorio un momento, así sacamos una chaqueta.


—Estoy bien, no te preocupes— intentó engañarme con su sincera sonrisa; yo no le creí, se notaba que tensaba su cuerpo para no temblar.


—No es pregunta, vamos.


Ella me siguió confiadamente, esa niña me tenía demasiada fe, podía llevarla al fin del mundo y ella me seguiría dichosa y sin reparos.


Mi edificio se encontraba frente a la avenida, era uno de los más altos; pese al impresionante tamaño de la construcción, las habitaciones parecían cajetillas de fósforos, ideal cuando solo te dedicas a estudiar y a la loca vida universitaria.


Las miradas curiosas no se dejaron esperar cuando pasé con Grecia a la estancia. Anette y su grupo de amigas se encontraban conversando en los sillones.


— ¿Te robaste a una quinceañera?— me preguntó Anette con una simpática sonrisa.


—De hecho sí.


—No me digas qué piensas llevártela a tu habitación— protectoramente abrazó a Grecia, quien a comparación de de Anette parecía una pequeña niña.


—Solo recogeré una chaqueta— fingí molestia por su desconfianza. Mi pequeña tenía una mueca extraña, el resto de chicas la rodeaban y le preguntaban si de verdad yo me la había llevado de su fiesta —bien, cuídala unos segundos— otro par de chicas se habían sumado a la reprobación así que decidí subir solo. Grecia podía esperarme un par de minutos y también evitaba que ella viese el terrible desorden que había en mi habitación.


Tras una sonrisa de probación por parte de mi acompañante subí corriendo al tercer piso. Afortunadamente una chaqueta se encontraba lista sobre la silla. Era enorme para Grecia, pero sin duda se vería adorable con ella.


Ya dispuesto abajar nuevamente, recode el regalo. No se lo había entregado, lo saqué de mi bolsillo y lo llevé en la mano, para no olvidarme de entregárselo antes de salir.


No tardé ni dos minutos en subir y bajar, sin embargo Anette y las otras chicas conversaban amenamente como al principio, Grecia no estaba con ellas.


— ¿Dónde está Grecia?— les pregunté preocupado.


—Hace un momento tomó un taxi— me explicaron levantando los hombros y volviendo a su conversación.


Me encontraba confundido ¿por qué ella se había ido? Mi primera idea fue llamarla, luego me di cuenta de que no sabía su número. La conocía por más de siete años y jamás le había pedido el número de teléfono. Contemplé el regalo que tenía en la mano. Estaba preocupado, deseaba saber si había llegado bien a su casa, sobre todo preguntarle por qué no me había esperado. Esa vez estaba seguro de no haber hecho nada mal, o eso pensaba.



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Hola! bueno ese era un adelanto de un Two-shot que sacaré junto a "Un beso de verdad".
Falta corregir y pronto estará en fictionpress y fanfic.es y demas páginas XD
Críticas? comentarios? tomatazos? XD
Supongo que resuelve la duda de quienes me preguntaban si Tiago alguna vez se había enamorado y si le tenía una pareja. Creo que algunos ya se imaginaban algo así y para otros será sorpresa.