Un día especial

miércoles, 3 de marzo de 2010



Hola! sí, tanto tiempo, lo siento, ya me pondré al día.

Hoy le dedico este relato a una personita especial: Claudia.

Hace más de un año que somos amigas y hoy fue su cumpleaños, así que con Hikari, escribimos esto para ella.

TKM Claudia!

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Un día especial



Claudia alistó su mochila de colegio con lentitud. De nuevo empezaban las clases, de nuevo debía asistir a ese horrible colegio donde no tenía amigos verdaderos. Sus vanas esperanzas de conocer a una persona especial, se desvanecían con el inicio de cada semestre, cuando todo era igual.

Suspiró con cansancio, resignada a tener un muy largo día escolar, su madre ya le gritaba que se diera prisa y molesta bajó las escaleras, sin ningún tipo de emoción. Sabía que todo sería igual que siempre, que al llegar a su salón encontraría las mismas caras burlonas, las mismas voces cargadas de desprecio y que probablemente estaría sola durante toda la mañana, así era su vida.

Solitaria caminó por la calle, a su paso contemplaba a los pequeños grupo de amigos que iban juntos en la misma dirección. Las chicas con sus amigas conversaban y reían, un grupo mixto se mandaba ringtones y screensavers por el móvil, pero, lo que más llamó su atención y lastimó al mismo tiempo, fue ver a una parejita que caminaba da la mano. Era nada más ni nada menos que el chico que le gustaba.

Con tristeza bajó la mirada, no soportaba verlo, él apenas notaba su existencia, es más de seguro no sabía que existía, que aquella muchacha de cabellos castaños, lo amaba en secreto desde hacía más de dos años. Con dolor en el corazón siguió caminado, cuando de repente… sintió un golpe en su nuca, seguramente de una bola de papel, y divisó a sus espaldas a un grupo de chicos que le sonreían divertidos, conocía a la mayoría, solían molestarla a menudo.

—¿Sigues soñando con él? Bueno supongo que soñar no cuesta —rió Carla, una malvada chica del curso superior. Las risas de sus acompañantes no se hicieron esperar hiriendo en lo más profundo de su corazón.

Se sonrojó un poco al notar lo obvia que era cuando observaba a Aitor y sin prestar atención al cuchicheo general siguió su camino

No se sorprendió en absoluto al descubrir su pupitre con incontables gomas de mascar y líquidos extraños, así le daban la bienvenida sus compañeros, jugándole alguna broma de mal gusto; disfrutaban de ver su expresión de sufrimiento al limpiar el desastre y se vanagloriaban al tener la certeza que ella no los acusaría.

Con un rollo de papel que tenía siempre preparado en la mochila, limpió su asiento del pestilente y pegajoso liquido que uno de sus compañeros le había dejado en la mañana. La madera seguía pegajosa, de nuevo arruinaría su pantalón. Sabiendo que caía en más ridículo, colocó una generosa cantidad de papel y se sentó encima, para al menos no mancharse la ropa.

Las risitas no se dejaron esperar.

— ¿Te hiciste pis?— le preguntó un muchacho con malicia.

—El pañal va por dentro de la ropa— lo apoyó otra muchacha.

Claudia sentía ganas de llorar ¿por qué debían ser tan malos con ella? ¿Qué les había hecho? Nada, aparentemente su simple presencia los molestaba.

El maestro llegó para su fortuna, ya no tendría que aguantar a sus compañeros, al menos hasta el recreo.

El profesor de ciencias no entró solo al salón, justo tras él, apareció un muchacho con pose despreocupada.

Las chicas se emocionaron al instante, el apuesto chico era de su edad y no necesitaban ser genios para darse cuenta que aquel era un nuevo compañero.

—Chicos el es Ian Key, estará este semestre.

Gritos quedos de emoción escaparon de las muchachas de la clase.

Claudia observó al muchacho con cierto embeleso también.

Era alto, mucho para su edad; sus facciones maduras, su cabello castaño, un poco largo con ondulaciones en las puntas, sus ojos verdes y el desarreglado uniforme lucía su atractiva, pero nada exagerada, complexión física.

Con desinterés dejó que el profesor hiciera las presentaciones pertinentes para luego buscar con la mirada, sin cambiar su expresión, algún puesto vacío. Claudia se quedó sin respiración al notal que el único lugar disponible estaba junto a ella. A Ian no pareció importarle y se dirigió hasta allí sin siquiera dedicarle una mirada; el profesor ya iniciaba su aburrida clase, mientas él se colocó unos audífonos.

Algunas de las muchachas no dudaron en hacer oír su molestia porque fuera justamente ella quien compartía el lugar junto al apuesto chico.

Cada vez que un alumno nuevo ingresaba, ella mantenía la ilusión de encontrar a un amigo, pero en este caso, sus ilusiones duraron menos que arena contra el viento. Ese chico era inalcanzable, era apuesto, seguro de sí mismo, no tardaría nada en que el grupo popular de la clase lo tomase como un nuevo miembro.

Desvió la mirada antes de que él notase que lo contemplaba. Tal vez el emotivo por el que no conseguía amigos era porque se tenía poco cariño; tal vez… sólo tal vez, si entablaba una conversación con ese muchacho… ¿Quién sabía? probablemente las apariencias si engañan después de todo y ese chico podía resultar diferente.

Eso sonaba bien, tomar las riendas, ser ella quien diese el primer paso, sin embargo, había un detalle importante: no podía hablar con chicos.

No sabía qué decirles. Si con otras chicas era difícil, con un ejemplar del sexo opuesto era tarea imposible. Las manos le sudaban, el corazón le bombeaba con fuerza y las palabras no salían de su boca, no podía pronuncias un simple “hola”. Los hombres eran seres inalcanzables para ella.

Entre pensar sobre su pánico y decidir si iba a hablarle o no, el periodo pasó volando. El timbre anunció el cambio de hora.
Ian se levantó y Claudia se sobresaltó, era ahora o nunca, sólo debía decirle: “Hola, soy Claudia ¿Quieres que te muestre dónde es nuestra siguiente clase?”

Nada podía ser más sencillo. Se armó de valor, lo miró de frente y abrió la boca.


—Chico nuevo ven aquí— una coqueta voz llamó la atención del muchacho. La chica más bonita del salón, Sheila, ya había capturado al nuevo compañero. “Otro aditamento a su colección”, pensó Claudia con melancolía. Sheila se le había adelantado, quitándole, como siempre, una de las pocas oportunidades en las que tomaba una decisión valiente.


Bajó la cabeza a tiempo que recogía sus libros.


Sheila llevaba a Ian del brazo, abrazando descaradamente al muchacho que acaba de conocer.

Claudia colgó la mochila de su hombro y se percató que pese a ser arrastrado por Sheila y sus amigos, Ian la miraba, mantenía sus ojos verdes clavados en ella.

Agitó su cabeza en el intento de despejar esas ideas, debía ser sólo su imaginación que le jugaba una mala pasada, quizás estaba tan necesitada de amistad que ya comenzaba a alucinar, ese chico no podía estar mirándola, no cuando tenía a Sheila junto a él.

Como siempre pasó el recreo en soledad, los escasos minutos que tenían de descanso ella los aprovechaba para alejarse y leer o comer algo tranquilamente, sin ser blanco de burla. Estaba en el patio bajo la sombra de un gran y aledaño árbol, contemplando a lo lejos como los demás adolescentes se divertían, con algunos juegos, o simplemente charlando entre ellos. Claudia no sabía lo que era estar en un ambiente así, no conocía la sensación de aceptación y miraba con envidia como los otros disfrutaban de lo que ella, probablemente, jamás tendría.

Si tan sólo fuera más valiente, si pueda controlar su timidez y se atreviera, al menos por una vez, a hablar con soltura tal vez las cosas serían diferentes, pero por más que lo intentaba no podía hacerlo; y esa mañana nuevamente fracasaba. Ian le parecía demasiado perfecto, y ella no creía tener ninguna oportunidad de poder ser su amiga, seguramente no tardaría en unirse al resto y ser parte del grupo que se divertía con su sufrimiento.

Sumida en sus pensamientos ni siquiera notó el momento en que alguien se sentó a su lado. Volteó temerosa y la manzana que se había llevado a la boca cayó al suelo con un golpe seco. Ian estaba ahí. El muchacho se había sentado hecho al desentendido, aún con los audífonos en los oídos.


— ¿Quieres sentarte acá Ian?— Sheila apareció también, seguida por el resto.
—Sí, es agradable— el chico levantó los hombros, por primera vez Claudia lo escuchaba hablar. Su voz le pareció varonil y hermosa, aún mas aterciopelada que la del mismísimo Edward Cullen.

—Ya escuchaste rata, vete, nos sentamos acá— accediendo al deseo de su nuevo compañero, Sheila la botó desdeñosamente, secundada por sus otros amigos.


—Sheila eso no…— comenzó Ian, pero se detuvo al contemplar como Claudia se había ido corriendo de ahí.

Claudia maldijo a Ian mientras iba a los baños a limpiarse las lágrimas. Ese chico ni la conocía y ya le había quitado el único espacio que tenía en el colegio ¿dónde iría? Todo el patio estaba ocupado por los diversos grupos de chicos y chicas que compartían el recreo juntos, conversando animadamente, donde ella no tenía cabida.

En cuanto el receso acabó regresó hasta el salón y miró a Ian con cierto recelo, él ya se encontraba en su lugar, todavía con sus audífonos puestos y su expresión impasible. Frunció el ceño cuando vio a Sheila y su grupo ocupando también su lugar, hablando animadamente con el muchacho. Ian llegaba solamente para quitarle lo poco que tenía, esperó con timidez a que el profesor entrara y dispersara el grupo, pues nadie daba señas de marcharse ni prestaban atención a su presencia.

Tomó asiento asegurándose de que éste se encontrara en condiciones y con nerviosismo comenzó con sus anotaciones. Se tensó al sentirse observada, por el rabillo del ojos notó que Ian clavaba sus ojos verdes en ella, incapaz de sostenerle la mirada volvió la vista a su cuaderno y tragó saliva con dificultad. Pocos minutos después vio como los finos dedos del chico arrastraba un papel hasta dejarlo a algunos centímetros de ella.

“¿Cuál es tu nombre?” decía la nota.

Leyó sin mover la cabeza, solo bajó la mirada. Nerviosa, insegura, temblorosa, aquella nota la afectaba más que un revolver contra su sien.

Consideró responder, su instinto de inmediato la disuadió. No podía, eso de seguro era una broma. Sus sádicos victimarios usaban al chico nuevo para jugarle alguna broma pesada. Ya lo había vivido antes, la habían ilusionado con Aitor, mandando notas a su nombre, como si fuese una especie de admirador secreto; cuánto había llorado al enterarse que era Sheila quien le escribía las cartas y luego reía a sus espaldas cuando ingenuamente contestaba.

No, no pasaría de nuevo, ya no caería tontamente en una cruel broma.

Ignoró la nota, hizo de cuenta que no la había visto y continuó con la atención fija en el maestro.

Escuchó resoplar a Ian y por un momento se arrepintió de no haber respondido, mas internamente se repetía que lo mejor era ignorarlo, no quería acabar el día llorando con el corazón roto una vez más.
En cuanto la campana anunció la salida, respiró profundo, al fin atisbaba algo de libertad. Rápidamente recogió sus cosas y salió a toda prisa tropezando accidentalmente con Sheila, la chica caminaba con claras intenciones de hablar con el alumno nuevo cuando ella, desesperada por marcharse, chocó con ella.

—¡Lo siento! —se disculpó de forma automática, agachándose para recoger sus carpetas.

—No toques mis cosas, luego tendré que desinfectarlas —le dijo de forma despectiva, empujándola con el brazo provocando que perdiera el equilibrio.

Claudia sollozó silenciosamente queriendo salir de allí, sin embargo alguno de sus compañeros se interpusieron en su camino, por instinto retrocedió un par de pasos asustada.

—No la molesten —escuchó decir a alguien y se sorprendió al descubrir la identidad de la persona que la defendía.

Ian se interpuso entre ella y los demás, todos lo miraban incrédulos y Claudia aprovechó esa pequeña distracción para huir. Corrió hasta la salida y agitada se detuvo a tomar aire una vez que estuvo un par de cuadras alejada, nunca imaginó que Ian la seguía en todo el trayecto.

Ese era un día extraño. Continuó a paso más lento, pensando bien lo que sucedía, temía por su seguridad en la escuela, que las cosas fuesen a ponerse peor con la aparición del nuevo chico.

Miraba al piso y se detuvo para no chocar cuando vio un par de zapatos frente a ella. Rápidamente levantó la cabeza y se aterró al ver a Ian frente a ella. La había seguido y de alguna forma se había adelantado, interceptándola ¿Qué le haría? Retrocedió con miedo, el muchacho mantenía las manos en los bolsillos y un serio semblante.

— ¿Podría saber qué te hice?— le preguntó sonando un tanto molesto.

Claudia tragó saliva, tenía miedo.

—Nada— murmuró—. Solo, déjame tranquila, suficiente tengo con eso idiotas que me molestan a diario para que tú vengas a hacerme lo mismo. Deja de molestarme por favor— sacando valentía de algún lugar, lo confrontó, con nuevas lágrimas brotando, no podía pasar ni una hora sin llorar.

Ian arqueó una ceja y de un momento a otro, y para mayor impresión de Claudia, comenzó a reír.

—Eres una neurótica, ni te conozco. Ya me di cuenta que te molestan, no quiero formar parte de eso, me pareces una persona demasiado dulce e inteligente que soporta demasiado. Solo quería saber tu nombre, pero empezaste a ignorarme y a huir sin motivo.

—Es que yo…
Claudia balbuceo sin estar segura de qué decir, definitivamente no esperaba una respuesta así. ¿Realmente decía la verdad? No podía creerlo tan fácilmente, pero él se oía tan sincero que simplemente le creyó, después de todo no tenía mucho que perder, si es que se trataba de una broma más, luego lo averiguaría.

—Soy Claudia —le dijo con dificultad, mientras sus mejillas se teñían de rojo, para ella no era posible hablar sin sonrojarse.

Ian sonrió con satisfacción, haciendo que se pusiera más tensa, nunca antes había entablado una conversación con un chico y no tenía menor idea de lo que debía decir.

— ¿Ves? no es tan difícil— se aproximó, logrando acelerarle el corazón.

Tenía razón no era tan difícil, aunque parecía un sueño: ella Claudia, la tímida incapaz de hablar con un chico estaba hablando con uno muy apuesto en ese momento.

Sonrió algo nerviosa, Ian parecía amble, después de un incómodo silencio provocado por la inseguridad de la muchacha, Ian le pidió acompañarla.

Ya no solo había hablado con un muchacho, caminaba junto a uno. Se tensaba al pensar que la conducía una trampa y en cualquier momento, los chicos de su salón aparecerían lanzándole entrañas de pescado o alguna otra asquerosidad.

—Y… ¿por qué te molestan?— Ian preguntó a tiempo que miraba distraídamente el paisaje al caminar.

—No sé, siempre fue así. Intenté hacerme su amiga, pero me decían que era una friki insoportable. Al principio solo me hacían a un lado, luego empezaron a jugarme bromas, insultarme y lastimarme— confesó con profunda tristeza.

Ian se detuvo al escucharla y volteó hacia ella.

—Deberías hacerles frente —dijo llevándose las manos a la nuca. Claudia lo miró horrorizada, muchas veces lo intentó y eso sólo acabó peor, por lo que prefería soportar y no buscarse más problemas—. Está bien, quizás eso no sea lo mejor.

Claudia rió con sorna, por algún motivo se sentía a gusto en compañía de Ian, era la primera vez que experimentaba algo como eso, sin siquiera darse cuenta ya se encontraba charlando fluidamente con el muchacho, pues le inspiraba una paz inexplicable.

—Bueno, seguiré por esta calle —le dijo tras caminar algunas cuadras juntos—, te veré en la escuela, bueno… si quieres —se apresuró a aclarar.

— ¿Tienes prisa? Porque soy nuevo en la ciudad y estoy necesitando un guía—dijo Ian sonriendo amigablemente. Claudia meditó la respuesta, lo cierto era que sus padres trabajaban hasta muy tarde y nadie la esperaba en casa por un buen rato, la idea de quedarse con Ian se le hacía bastante tentadora.

—Bueno, aunque no hay mucho que ver, la ciudad es pequeña —le advirtió.

Ian se encogió de hombros y emprendió la marcha. Las conversaciones fueron surgiendo espontáneamente, lo mejor de todo era que ambos aparentaban disfrutarla; él era ocurrente, divertido e inteligente y muy agradable, descubrió que tenían muchas cosas en común y un regocijo inusual la invadió.

—Me agrada estar contigo, Claudia —dijo tras un momentáneo silencio.

Ella no estaba segura de que responder, pues nunca nadie le dijo algo similar, su falta de experiencia se hacía notoria una vez más.

— ¿Por qué te agradaría estar con alguien como yo? —cuestionó mordiendo levemente su labio inferior.

—Porque eres diferente a las demás.

No supo cuanto tiempo pasó hasta que vio su reloj, ya atardecía y se preguntaba cómo fue que las horas se le pasaron tan rápido. Casi inconscientemente avanzaron por toda la ciudad hasta llegar a la costa. Su pueblo era pequeño, pero inmensamente hermoso, las olas golpeaban las rocas y el cielo de acuarelas naranjas y rojas era un espectáculo único. Claudia temía estar soñado, se encontraba en la playa, acompañada por un muchacho guapo, contemplando el atardecer, una escena demasiado perfecta.

—Increíble —mustió más para ella, pero Ian pudo escucharla perfectamente.

— ¿Qué es lo increíble?

—Lo perfecto que es este momento —confesó con la timidez innata de su persona.

Ian curvó sus labios, esbozando esa sonrisa que Claudia, más tarde supo, sólo podría esbozar él.

— ¿Sabes? Podría ser más perfecto —le susurró aproximándose peligrosamente a ella. Su corazón se aceleró y no tuvo reacción hasta tenerlo a tan sólo centímetros de ella.

Se impresionó al sentir los suaves labios de Ian. La estaba besado, era su primer beso y se sentía maravilloso. Cerró los ojos y se dejó llevar, pasaron los minutos y ya estaba extasiada. Ian le acariciaba le cabello y movía acompasadamente la boca, degustando y haciéndola degustar el dulce sabor producido por el momento más mágico con el cual había soñado.

Claudia siempre había deseado que su primer beso fuese con Aitor, sin embargo, Ian ahora ocupaba un lugar en su corazón. Lo acababa de conocer, pero sentía que ya habían compartido infinidad de cosas juntos. Se separaron cuando sus pulmones reclamaron oxígeno tras el dulce y apasionado beso.

—Nos vemos mañana en el colegio— Ian se levantó con despreocupación y regresó a su casa.

Claudia permaneció estática, mirando hacia el mar, digiriendo lo que acababa de ocurrir. Un apuesto chico acaba de besarla, a ella, a Claudia, la chica sin amigos.

Sonriendo regresó a casa y no fue capaz de conciliar el sueño pensando en lo acontecido el día anterior. Tenía miedo de cerrar los ojos y descubrir que todo había sido producto de su imaginación.

Casi como un ente se despertó en la mañana, se arregló, desayunó y por inercia bajó la cabeza y salió a la calle esperando pasar desapercibida. Pero, su rutina no sería la misma ese día.

Se sorprendió al ver a Ian esperándola contra la pared de su casa. Parecía que llevaba ahí unos buenos minutos. No podía creerlo, la había ido a recoger. Eso, o estaba ahí para hacerle entender que lo ocurrido el día anterior no había significado nada. Se amargó ante tal pensamiento.


—Buen día ¿vamos?— Ian se quitó los audífonos al verla y tiernamente le expendió la mano, la cual, Claudia no dudó en tomar. Su amargura paso de inmediato y sonrojada caminó junto al muchacho. A partir de ese día ya no iría sola al colegio, ya no pasaría los recreos rezagada. Tenía a Ian, su nuevo amigo, o novio, no estaba segura de la situación, pero qué más daba, no estaba sola, lo quería y eso era lo que importaba.

4 comentarios:

Venus Says:
3 de marzo de 2010, 23:38

Fue tan hermoso!!!!!

Feliz cumple Clau, vaya regalazo te han hecho!!!

A sido muy bonito, de verdad chicas, perfecto.

Me encantan los relatos y hitto parece que tarda más en completar uno q en escribir un libro (cof cof)

Anónimo Says:
6 de marzo de 2010, 14:37

Aiii es lindo, pero estoi mui acostumbrada a Ian y sophie y me parece extraño ...

Savi Says:
7 de marzo de 2010, 4:44

Traicion Ian no puede estar con otra que no sea Sophie en que mundo estamo.JIJIJI no hablando en serio te quedo genial como todo que escribes pero igual sigo pensando Ian y Sophie 4ever

AngelitoAzul Says:
7 de marzo de 2010, 12:11

hola estuvo super pero no aguanta Ian es de Sophieaunque Ya lo dije
Nota=yo soy savi me equivoque de nombre cuando lo escribi

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